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El silencio y la soledad de Nietzsche

El siguiente artículo es un fragmento del libro El día que el mundo cambió

El ruido mata los pensamientos, clama Zaratustra. Un ruido producido, casi siempre, por el tumulto de los muchos, de los que son incapaces de pensar por sí mismos.

Muchos filósofos y pensadores han sentido la necesidad acuciante de querer encontrar aquella soledad que Jean Jeaques Rousseau inventó como cosa tan tentadora.  Una  soledad para que el espíritu creador hable a través de ellos.

Para muchos de ellos la vida no se lo puso nada fácil,  como Dostoievski o Tolstoi pero, a pesar de ello, como su mundo exterior no les concedía tregua, forjaban su tragedia a partir de su  mundo interior. Desde su propio interior horadaron un nuevo surtidor para que el ciclo de la existencia no dejase de manar.

El genio creador necesita a veces la forzada soledad temporal para medir desde la lejanía la altura de la verdadera tarea. Prueba de ello es que los mensajes más importantes de la humanidad han venido desde el exilio.  Los creadores de las grandes religiones desde Cristo, hasta Buda o Mahoma tuvieron que internarse en el desierto antes de alzar su palabra. La ceguera de Milton, la sordera de Beethoven, la prisión de Dostoievski o  las mazmorras de Cervantes fueron una exigencia querida secretamente por el propio genio contra la despierta voluntad del hombre. [i]

La búsqueda del silencio se ha convertido para la humanidad en una imperiosa necesidad que abarca desde el inicio de los tiempos. Prácticamente en todas las culturas antiguas y en todas los periodos de la historia hay registros de gente que realizaba titánicos viajes espirituales en pos del silencio y la soledad, abandonando toda su vida conocida para instalarse en el desierto, las montañas o en la profundidad del bosque. Pitágoras decía escuchar en el silencio el sonido de los grandes orbes del universo.

           

Henry David Toreau en Walden nos pone en aviso de lo siguiente: Jamás di con una compañía más acompañadora que la soledad. Las más de las veces solemos estar más solos entre los hombres que cuando nos encerramos en nuestro cuarto. Por lo común la compañía es poco valiosa. Nos encontramos a intervalos muy cortos, sin haber tenido tiempo de adquirir ningún valor nuevo que ofrecernos unos a otros. Hemos tenido que convertir una serie de reglas que llamamos de etiqueta y cortesía para hacer este encuentro frecuente tolerable y para evitarnos una guerra declarada[ii]

            El silencio posee un halo mágico de misterio donde surge la paz interior, donde se forja la creatividad y de donde nace el autoconocimiento. Pero también tiene su lado negativo.

            Hemos visto que la vida de Miguel Ángel se caracterizó por un terrible dolor que le desgarraba el alma y eso le empujaba a crear (alusión a otro capítulo del libro). Pero si hay un autor por excelencia que encontró en el silencio y la soledad su demonio creador es, sin ninguna duda, Friedrich Nietzsche.

Quizá no haya otro autor más antihumanista que el alemán. Egoísta, desalmado y megalómano, su Übermensch contribuyó a inspirar el militarismo que condujo a la Primera Guerra Mundial y el fascismo que condujo a la segunda, tanto con la raza aria superior de los nazis como con el nuevo hombre soviético.[iii] Pero si nos paramos con detenimiento ante sus escritos, podemos aprender mucho con sus enseñanzas.

            Todo hombre de elección aspira instintivamente a su torre de marfil, a su reclusión misteriosa, por la que se libra de la masa, del vulgo, del gran número, porque en ella puede olvidar la regla ‘hombre’, puesto que él es una excepción a esta regla[iv], nos dice.

Durante la vida del filósofo, la soledad fue todo su mundo. A veces buscada como exigencia filosófica para desarrollar sus pensamientos y otras, impuesta. Una soledad que se va metamorfoseando y adaptando a su forma de modo que, cada vez que la mira a la cara, se parece más a él. Se ha vuelto dura, cruel y violenta como él. También ella había aprendido a hacer daño y a engrandecerse en el peligro. Cuando cariñosamente la llama “su querida y vieja soledad” no es más que un apelativo inapropiado, porque se ha convertido en un aislamiento completo. [v]

 En ocasiones permanecía días enteros enfermo en su cama y nadie se aproximaba a su lecho, ni le tendía su mano. En toda su peregrinación por la vida, nunca apretó su cuerpo desnudo contra la tibia piel de una mujer. En su corazón, ya no quedaba rastro de sociabilidad alguna. Resulta espantoso estar solo en la medida en que yo lo estoy, dijo en una ocasión.

En los trescientos sesenta y cinco días del año, nada tenía ante sí más que sí mismo. En su alegato, la valía de un hombre se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar.

            Durante diez horas al día trabajaba en su mesa colmada libros, manuscritos y borrones de tinta pero sin ninguna flor, ni toque de color. Sus ojos apenas veían el papel que emborronaba, si no era acercándolo mucho a los cristales extraordinariamente gruesos de sus gafas. Y ante tal exceso, su cerebro se vengaba con terribles dolores de cabeza.

En el sendero de su vida viajaba de ciudad en ciudad, alojándose durante poco tiempo en lúgubres posadas. En ningún lugar encontraba paz, siempre huyendo  de esa eterna soledad que le atenazaba. A veces intentaba esquivarla huyendo a otro país, pero siempre le daba caza y regresaba a ella herido  y agotado.

            Ni siquiera Dios, a quien él mismo había matado, estaba a su lado en esos momentos. Cuanto más se aproximaba a su yo, más se alejaba del mundo y cuanto más caminaba, más vasto era el horizonte de su desierto. Dicho sea entre nosotros, yo soy, en efecto, en un sentido terrible un hombre de las profundidades, y en este trabajo subterráneo no soporto ya la vida, confesaba.[vi]

            Pero del mismo modo que el ave Fénix debe pasar todo su cuerpo por el fuego abrasador para salir fortalecido con un nuevo plumaje, para Nietzsche los hombres espirituales deben pasar por el fuego de la contradicción devoradora, para que el espíritu se eleve sin cesar, libre de toda contradicción.[vii] Igual que en la naturaleza son necesarios los ciclones y tornados para descargar su exceso de fuerza en una revuelta contra su propia existencia, el espíritu necesita de vez en cuando un encuentro con el demonio que, en su exceso de violencia, lo haga rebelarse contra la comunidad del pensamiento y la monotonía moral.[viii]

            Ese demonio le invita a crear a su propio Dios.  Tras haber destruido todos los altares, se construyó uno nuevo para celebrar sobre él su propio sacrificio, ensalzarse y vanagloriarse. ¿No debemos convertirnos en dioses, para parecer dignos de tal acción? Se preguntaba.[ix]

En la soledad crece todo lo que uno lleva consigo, incluyendo la bestia interior [x] dice su Zaratustra. Por lo tanto, una soledad tan atroz como la suya, solo es aconsejable para unos pocos.

Y en estas, la muerte le dio alcance. Tan solo como nunca, tan solo como siempre.

En el capítulo anterior expuse que el diálogo interior, la conocida rumiación de pensamientos, puede ser peor que el peor de los venenos conocidos por el hombre. Un pensamiento lanzado sin ningún tipo de control, en la ausencia de una mente que lo controle, puede convertirse en una bestia, que no solo se restrinja a emociones como la tristeza, la irritabilidad o la apatía, sino que altere la manera en la que nos percibimos o  nuestra sensación de valía personal y lleve ese diálogo interno, totalmente distorsionado, a un sinfín de pensamientos obsesivos.

Por eso el ser humano moderno, incapaz de estar solo con su propia mente, busca constantemente distracciones que le aparten del poder destructivo de su pensamiento.

El aislamiento forzoso, se ha venido utilizando de manera recurrente como un castigo en prisiones de algunos lugares del mundo.  Un aislamiento social, no solo favorece la enfermedad mental sino que acorta la vida tanto como fumar. Incluso la ciencia ha demostrado que la soledad o el rechazo social activan las mismas zonas cerebrales que el dolor físico.

No olvidemos que en nuestro pasado evolutivo, para sobrevivir necesitábamos nuestra tribu como las hormigas necesitan su hormiguero. Incluso sin ser consciente, el cerebro se beneficia de la interacción con los demás porque crea nuevas conexiones neuronales.

Una persona que se aísla en sus propias ideas sin escuchar, razonar y valorar criterios externos tendrá como único contrapeso su conciencia, reuniendo todas las papeletas para caer en un tormentoso bucle que retroalimenta sus esquemas cognitivos.[xi]

            Muchas veces, el silencio produce un pavor terrible. La gente lo toma como símbolo de debilidad e intenta evitarlo por todos los medios posibles porque, a nivel de su subconsciente, conocen la amenaza que eso conlleva.

Poco a poco, he ido viendo claro cuál es el defecto más general de nuestro tipo de formación y de educación: Nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad[xii]. El silencio implica encontrarte cara a cara contigo mismo y eso da miedo. El silencio obliga a reflexionar y muchas veces a escuchar lo que no quieres oír. El silencio te pone delante a tus propios fantasmas. Por eso es normal que la gente quiera llenar ese silencio a toda costa. Ni siquiera en las conversaciones cotidianas se produce un segundo de silencio, al que hemos mal llamado silencio incómodo. Esa música de fondo termina siendo socialmente aceptada y hace que estemos constantemente intentando llenar esos vacíos con ruido. Ruido que, en última instancia, lo que consigue es que huyamos de nosotros mismos para refugiarnos en él.

En palabras de Séneca, un ser humano que no soporta su propia soledad está incapacitado para estar en tranquilidad consigo mismo.

Muchas veces es necesario entrar en la soledad introspectiva de vez en cuando para recibir sus frutos. Si te sientes grande y fecundo en la soledad, la sociedad de los hombres te empequeñecerá y te hará estéril, y a la inversa,[xiii] recuerda Nietzsche

La soledad proporciona una oportunidad que se puede aprovechar o no, una oportunidad para conocernos mejor y mejorar nuestra relación con los demás y con nosotros mismos[xiv]. Cualquiera puede hablar de sí mismo. La mayoría de la gente es buena para dar bombo y vender cosas. Lo  verdaderamente escaso en este mundo es el silencio y la capacidad de mantenernos de manera deliberada fuera de las conversaciones y subsistir sin su  validación.[xv] De ahí que un viejo proverbio árabe diga que si Dios nos dio dos orejas, dos ojos y una sola boca para hablar es porque tenemos que escuchar y ver dos veces para hablar.

En medio de la multitud vivo como la mayoría y no pienso como pienso; al cabo de cierto tiempo acabo por experimentar el sentimiento de que se me quiere desterrar de mí mismo y quitarme mi alma, y empiezo a malquerer a todo el mundo y a temer a todo el mundo. Entonces tengo necesidad del desierto para volver a ser bueno[xvi], dice Nietzsche. Por eso su superhombre no se deja guiar por las multitudes. Se guía por sus pasiones y sentimientos, pero a la vez se domina a sí mismo.

Una vida consecuente y perfecta solo puede materializarse en ese espacio vacío del individuo desligado de todo lo que hay a su alrededor, no en el vínculo ni en la obligación. Por eso, en todas las épocas, el camino de los santos siempre los condujo hasta la soledad y el silencio del desierto, la única patria, el único hogar apropiado para ellos [xvii]. Por eso, a pesar del terrible silencio que acompañó a Nietzsche en su existencia,  de esa existencia surgió su excelsa obra.

Uno ha de tener caos dentro de sí mismo para dar luz a una estrella  danzante[xviii], escribe.

En el silencio podemos ser creativos gracias al vacío fértil que produce, nos permite conocer facetas de nosotros mismos que desconocemos. Si muchas personas fueran capaces de buscar y de encontrar esos pequeños instantes que tenemos a nuestra disposición, comprenderían el poder sanador del silencio y la paz interior que nos otorga. Sólo de ese modo le perderían el miedo.

Mario Conde, que sufrió en sus carnes el silencio forzoso,  escribe desde la cárcel que uno de los mejores momentos  era ese silencio de los primeros compases del día.  En el silencio nos escuchamos a nosotros mismos, dice. Hay mucha gente que no le gusta lo que escucha y entonces prefiere que le aturda el ruido externo. Pero sin silencio no se puede caminar en el espíritu.  Rezar es silencio, meditar es silencio, amor es silencio. Quien no es capaz de estar en silencio, no es capaz de estar en sí mismo con mayúsculas. El ruido permite estar con él sí mismo con minúsculas, con la personalidad. El silencio permite ser honesto y limpio de corazón, permite revisar los verdaderos impulsos de lo que se hace. [xix]

La cuestión última es cuánto tiempo en soledad es necesario para aprovecharnos de las virtudes  que nos proporciona y despojar de las malas hierbas el pensamiento rumiante del hastío vital. Al igual que cada persona es un mundo, el tiempo con el que cada uno se ha de relacionar con el silencio depende de muchos factores como su estado emocional, su percepción acerca de ese periodo de silencio, su personalidad o sus experiencias previas con la soledad.

Acércate al silencio y a la soledad con cautela. No les tengas miedo. Aprovéchate de los beneficios que te otorgan y aprende de sus enseñanzas.

En la soledad el solitario se roe el corazón, en la multitud es la muchedumbre quien se lo roe. ¡Elegid!,[xx] clama el filósofo.


[i] Zweig, S. (2011) Josep Fouché. Retrato de un hombre político. Ed. 1. Acantilado

[ii] Thoreau, H.D. (2007) Waldel o la vida en los bosques.Grupo Editorial Tomo

[iii] Pinker, S. (2018) En defensa de la Ilustración. Paidós

[iv] Más allá del bien y del mal, de Nietzsche

[v] Zweig, E. (1999). La lucha contra el demonio (Hölderlin – Kleist – Nietzsche). Ed. 1. Acantilado

[vi] Carta de Nietzsche a Overbeck en 1887

[vii] Zweig, E. (1999). La lucha contra el demonio (Hölderlin – Kleist – Nietzsche). Ed. 1. Acantilado

[viii] Ibíd.

[ix] Ibíd.

[x] Nietzsche, F. (2017) Así habló Zaratustra. Planeta

[xi] Ramtalks – Youtube – Crecer en soledad (Friedrich Nietzsche) – ¿Cómo reaccionó Zaratustra al estar solo y acompañado?

[xii] Aurora, de Nietzsche

[xiii] Aurora, de Nietzsche

[xiv] Aurora, de Nietzsche

[xv] Ford, A. (2017) En busca del silencio: La atención plena en un mundo ruidoso. Siruela

[xvi] Aurora, de Nietzsche

[xvii] Zweig, S. (2008) Tres poetas y sus vidas (Casanova, Stendhal y Tolstoi). BackList

[xviii] Nietzsche, F. (2017) Así habló Zaratustra. Planeta

[xix] Conde, M. (2010) Memorias de un preso. Booket

[xx] Humano, demasiado humano, de Nietzsche

Suelos en Polonia

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Bandhas en yoga y su transferencia a la sala de musculación

A la hora de ejecutar cualquier ejercicio en la sala de musculación, especialmente los ejercicios que se realizan de pie como press militar, sentadillas o un curl de biceps, la clave esta en una buena estabilización de la pelvis o de la cadera. Esto, a parte de diferenciar una buena técnica de una mediocre, lograra proteger la parte baja de la espalda frente a posibles lesiones.

La columna, de manera natural tiene una ligera lordosis que no es ni exagerada ni reducida. Para una correcta realización de este tipo de ejercicios habrá que realizar una ligera retroversión de la pelvis, es decir, aplanar la zona lumbar rotando la pelvis hasta que los oblicuos y rectos abdominales permitan acercar el pubis a las ultimas costilla del torax.

El movimiento contrario a la retroversión sería la anteversión, como se indica en la imagen y una correcta utilización de estos dos movimientos son la clave para evitar molestias y sobrecargas lumbares.

Cuando realizamos un ejercicio de pie, el peso debe recaer sobre el raquis como si de una columna se tratase, por lo tanto la espalda debe de estar lo más recta posible y los pies paralelos. A veces observo a gente hacer ejercicios como curl de biceps, jalones de triceps e incluso press militar con un pie adelantado y eso es un error ya que el peso está desequilibrado.

El yoga, sobre todo algunos tipos más intensos como el yoga flow o el vinyasa yoga, se basa en ejercicios bastante potentes para la zona lumbar o el core entre otros y, por ello, los antiguos yoguis, conocedores de este hecho idearon una serie de correcciones y adaptaciones para tratar de evitar lesiones y dolores musculares.

Las llamada bandhas sirven en este sentido para activar los músculos, estimular los órganos y las glándulas en regiones concretas. Hay varias bandhas pero en este artículo me centraré en tres en concreto, Jalandhara bandha (cierre de la garganta), Uddiyana bandha (cierre del abdomen) y Mula bandha (cierre del suelo pélvico). Su activación o contracción contribuye a mantener la concentración y a proteger el cuerpo durante la práctica.

Uddiyana en sánscrito significa elevarse y es que la práctica de este bandha consta en elevar el diafragma generando un vacío abdominal, absorbiendo los órganos internos, de forma que ascienden. Se relaciona con el tercer chakra (Manipura), el centro de la energía y la voluntad. Esta bandha masajea los órganos abdominales facilitando la digestión, estimula y descongestiona el hígado y el páncreas y fortalece la pared abdominal

«La práctica de uddiyana bandha descrita por los yoguis es muy fácil de hacer. Su práctica regular rejuvenece hasta a los más viejos».Hatha Yoga Pradipika

Los bandhas son cierres energéticos de ciertas zonas del cuerpo que al aplicarse a través de la contracción, estimulan la fluidez de la energía vital o prana en el canal central (el sushumna nadi) que, al generar un sello, evita que haya fugas de energía.

Hay seis esfínteres en nuestro sistema digestivo. Un esfínter es un anillo de músculo que rodea y sirve para proteger o cerrar una abertura. Se pueden contraer tres de estos seis esfínteres para crear los bandhas o las cerraduras.

Cerrar estos esfínteres crea bloqueos físicos y energéticos en el cuerpo. Estos gestos de cierre bloquean las energías vitales (pranas) en una región específica del cuerpo. Estas cerraduras de energía se llaman Bandhas. Estas cerraduras son componentes esenciales en la práctica del pranayama.

El término sánscrito «bandha» significa sujeción o cierre. Corresponde a un cambio en el tono y la orientación de las estructuras respiratorias mediante la contracción sostenida y controlada de determinadas zonas del cuerpo.

Al activar cada uno de estos tres bandhas o diafragmas del cuerpo, se limpia y libera el flujo de energía o prana, mejorando así las funciones fisiológicas del organismo.

Las bandhas tienen una relación con los ejercicios en la sala de musculación porque ambos implican el uso consciente y coordinado de los músculos para mejorar el rendimiento físico y la salud. Los bandhas ayudan a fortalecer el core, mejorar la postura, aumentar la capacidad respiratoria y prevenir lesiones. Los ejercicios en la sala de musculación también pueden beneficiarse de los bandhas si se aplican correctamente durante las repeticiones o las pausas. Por ejemplo, Jalandhara bandha puede ayudar a proteger las cervicales y a regular la presión arterial durante los ejercicios que implican levantar peso sobre la cabeza. Uddiyana bandha puede ayudar a activar el transverso abdominal y a estabilizar la columna durante los ejercicios que implican flexión o rotación del tronco. Mula bandha puede ayudar a activar el suelo pélvico y a evitar problemas como la incontinencia urinaria o el prolapso durante los ejercicios que implican saltos o impactos.

Las bandhas se pueden practicar de forma separada o conjunta, según el nivel y el objetivo de cada uno. Además pueden tener una relación con ejercicios tipo sentadillas, press banca o press militar porque ayudan a mejorar la postura, la respiración, la concentración y la fuerza. Las principales bandhas son:

  • Jalandhara bandha: este es el cierre de la garganta que se hace al llevar el mentón hacia el pecho y elongar la zona cervical. Este bandha puede ayudar a proteger las cervicales y a regular la presión arterial durante los ejercicios que implican levantar peso sobre la cabeza, como el press militar. También puede ayudar a mejorar la concentración y a calmar la mente durante los ejercicios que requieren equilibrio o coordinación.
  • Uddiyana bandha: este es el cierre del abdomen que se hace al contraerlo hacia adentro y hacia arriba después de exhalar completamente. Este bandha puede ayudar a fortalecer el transverso abdominal y a crear una faja natural que sostiene los órganos internos y la columna vertebral. También puede ayudar a mejorar la capacidad respiratoria y a oxigenar mejor los músculos durante los ejercicios que implican flexión o extensión del tronco, como el press banca
  • Mula bandha: este es el cierre del suelo pélvico que se hace al contraer los músculos alrededor del esfínter anal y los órganos sexuales. Este bandha puede ayudar a fortalecer el suelo pélvico y a prevenir problemas como la incontinencia urinaria o el prolapso. También puede ayudar a mejorar la estabilidad del tronco y a proteger la zona lumbar durante los ejercicios que implican levantar peso o hacer presión con las piernas, como las sentadillas. Sus beneficios son:
    • Ayuda en problemas digestivos y de colon
    • Fortalece el suelo pélvico y la musculatura adyacente
    • Mejora la salud de los órganos pélvicos

Hoy en día es común oír hablar de los ejercicios hipopresivos, que no son otra cosa que la activación de mula bandha, para proteger y fortalecer el suelo pélvico.

Se recomienda evitar la activación de bandhas durante el embarazo, con enfermedades digestivas o cardíacas, úlceras, hernias o problemas de hipertensión.

Beneficios físicos

Cuando se aplican las bandhas, activan los músculos y estimulan los órganos y las glándulas en la región respectiva. Por ejemplo, la aplicación de mula bandha activa los músculos del piso pélvico y estimula los órganos de reproducción. Los tonifica y mejora el funcionamiento. Un estudio científico realizado en 2017 con 50 mujeres que padecen prolapso leve sintomático de órganos pélvicos ha demostrado que una práctica regular de mula bandha durante un período de tres meses ayudó a reducir la gravedad de los síntomas y a mejorar la calidad de vida en pacientes con un grado leve de prolapso.

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Dolor y sufrimiento, cambia tu mente

El siguiente artículo es un fragmento de mi libro El día que el mundo cambió

La realidad que vivimos cada día está dominada por la emoción del miedo y mientras los seres humanos se sigan aferrando a su ego, ese cambio no tendrá un efecto a nivel global.

El ego es un concepto difícil de entender y por eso a lo largo de la historia se le ha intentado dar una definición satisfactoria. Kant lo entendió como una entidad donde se incluía cada representación mental que la persona llevaba a cabo. Para Sartre era una parte más de la conciencia. Para Freud el ego era la representación de la realidad y la razón. Quien controla las pulsiones del ello intentando satisfacerlo de un modo socialmente apropiado.

Si el ego nos domina, la opinión que tenemos nosotros mismos está distorsionada, el verdadero yo se aleja y la tarea de conocerse a uno mismo se complica. En este estado nos creemos superiores y no vemos la realidad tal y como es. En muchos casos, la consecuencia de esto suele ser un comportamiento con tendencia al narcisismo y al egoísmo.

Para ilustrar esto con un ejemplo, voy a recurrir a uno de los autócratas con el ego más desmedido que ha sufrido la humanidad. Si tuviera que describir todos los episodios en los que el ruso Iósif Stalin se dejó dominar por su ego, probablemente saldría un libro con varios volúmenes, pero hay uno en concreto muy revelador, ya que supuso su propia muerte.

Meses antes de su muerte, Stalin se había inventado una enorme conspiración internacional que relacionaba a los judíos soviéticos de la profesión médica, la organización del partido de Leningrado, la MGB y el Ejército Rojo con Israel y Estados unidos. Esta invención de su mente se saldó con cientos de médicos y funcionarios del MGB arrestados y torturados para arrancarle confesiones que no existían en realidad.

En plena histeria colectiva, Stalin sufrió un ataque al corazón que lo mantuvo inconsciente durante cinco  días antes de morir. Se podría haber salvado si los médicos lo hubieran atendido el primer día, pero tras la Conspiración de los Médicos ninguno se atrevió a tomar la iniciativa. El propio médico de Stalin fue torturado por decir que el líder debería descansar. Si el tirano despertaba del coma y veía médicos a su alrededor, podría considerar eso una grave deslealtad. [x]Por este hecho, murió solo en su habitación. Su ego no le dejaba ver más allá de su autoimpuesta grandeza y por ello eliminaba todo aquello que le llevaba mínimamente la contraria.

Toda persona tiene a su alrededor una serie de obstáculos que intentan constantemente limitar su pensamiento y por lo tanto, su libertad. Nos limita la patria, que nos separa de los demás pueblos. Nos limita el idioma restringiéndonos el pensamiento. Nos limita la religión que nos impide entender la fe ajena. Nos limita el carácter con un sinfín de prejuicios. El aislamiento es casi inevitable. No se comprenden los pueblos, ni las razas, ni las confesiones, ni los individuos porque todos están aislados y solo experimentan por separado una parte de la vida. Una parte de la realidad que cada uno considera como cierta. 

Sin embargo con la observación de la mente estamos cambiando esto. Si aprendemos a pensar,  estaremos ejercitando un cierto control sobre qué  y cómo hacerlo.   Cuanto más conocimiento adquiramos, más apriscos de la mente estaremos eliminando y menos nos identificaremos con ese ego perverso.

La mente contemplativa, al contrario que la egotista,  nos dice que respetemos  a las otras criaturas incluso de insectos o criaturas que no nos gustan. Aunque estas criaturas estén molestándome, tienen derecho a vivir. Así es la mente humana cuando reflexiona y lo mismo se aplica a los estados mentales desagradables. [xi]

La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como  nos formamos una idea clara y precisa del mismo, dice Spinoza[xii]. Cuando al individuo le embarga una emoción negativa, el primer impulso es identificarse con ella y dejarse llevar. El camino debe ser todo lo contrario. En lugar de enfadarte obsérvate. Observa cómo se acelera el pulso, cómo se activa el sistema nervioso simpático  y cómo el elefante lo único que quiere es ponerse a dar trompazos a diestro y siniestro sin tener en cuenta las órdenes del jinete.[xiii] Observa todo eso y tómate tu tiempo para actuar.

El dolor es una reacción natural del cuerpo ante un suceso inesperado y molesto y desagradable. Si fallece un ser querido o si nos quedamos sin trabajo, es normal sentir cierto dolor. Este dolor muchas veces supone un  aprendizaje personal, algo legítimo y necesario para vivir. Desde el mismo momento en el que estamos expuestos a la vida, tenemos que aceptar que el dolor nos puede llegar en cualquier momento, lo queramos o no.  

En cambio, el sufrimiento es un estado que nosotros creamos como una resistencia a ese dolor. Sufrimos por lo que ha ocurrido o por lo que ocurrirá en el futuro. Sufrimos por nuestra interpretación de la vida, muchas veces distorsionando la realidad. Nos resistimos a aceptar el aprendizaje que nos deja el dolor aferrándonos a nuestras emociones negativas y eso hace que el sufrimiento pueda durar toda la vida, aunque el hecho que lo provocó ya haya pasado.

Schopenahuer, que iba un poco más allá,  postulaba que el conjunto de la existencia humana apunta al sufrimiento como verdadero rasgo determinante de la misma.[xiv]

Cuando nos sumimos en el sufrimiento, nos ponemos rápidamente en la posición de víctima. Sentimos que la vida no nos da lo que merecemos, nos sentimos débiles, impotentes o  echamos la culpa a otras personas de lo que nos pasa. Sufrir es más fácil que actuar, diría Bert Helliger

Séneca distinguía muy bien entre dolor y sufrimiento cuando  decía lo siguiente: Considera cuán vehementes son los sentimientos de los animales y sin embargo, cuán cortos. Cuando la fiera ha vuelto algunas veces a su guarida despoblada por el cazador, y siguiendo los rastros de sus cachorros, ha recorrido el bosque, en muy poco tiempo extingue su rabia.  Las aves lanzan agudos fritos alrededor de su despojado nido y en pocos momentos después se calman y emprenden el acostumbrado vuelo. Ningún animal lamenta por mucho tiempo la pérdida de sus hijos, si no es el hombre, que ayuda a su dolor, no siendo su aflicción como la experimenta sino como se la propone. […] El fuego quemará a todos, el hierro tendrá sobre todos los cuerpos su propiedad de cortar. Pero la pobreza, el luto o la ambición impresionan a unos y a otros según influye en ellos  la costumbre, haciéndonos débiles y cobardes.[xv]

Se suele atribuir a Nietzsche la frase lo que no te mata te hace más fuerte, aunque en realidad es una adaptación de la frase original: lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece. [xvi] Por eso, la frase adaptada es solo es una verdad a medias. Para poder salir fortalecido de un hecho traumático  sin racionalizarlo es necesario un proceso paralelo de reflexión y aprendizaje que le otorgue sentido. Es necesario actuar y para ello debemos abrirnos al dolor, aceptarlo, expresarlo a otras personas si hace falta.

Muchas veces el dolor no es opcional, porque forma parte de la condición humana, pero es esa mente dualista la que crea el sufrimiento.

Los budistas utilizan la palabra dukkha para referirse a este sufrimiento, que significa incapaz de satisfacer. Algo que siempre está cambiando, incapaz de llenarnos completamente.[xvii] Ese sufrimiento que, empujaba a Miguel Ángel a un profundo estado de depresión continua y que, como veremos, el mismo efecto le producía al alemán Nietzsche.

***

El ego también tiene una relación directa con la felicidad. Filósofos, sacerdotes y poetas han tratado durante milenios el concepto de la felicidad y muchos de ellos han llegado a la conclusión de que los factores sociales o espirituales tienen tanto impacto sobre ella como los materiales. La felicidad mide un bienestar subjetivo, algo que sientes en tu interior o un placer inmediato y por lo tanto, no se puede medir desde fuera. Por ello, muchos de estos pensadores ya se dieron cuenta hace miles de años que, estar satisfecho con lo que se tiene es mucho más importante que obtener más de lo que se desea[xviii]. Todo aquel que elige lo segundo, es bastante probable que se mantenga en un estado de perpetua insatisfacción y por lo tanto, infelicidad.

            Schopenhauer argumentaba que la vida es como un péndulo que oscila entre dos extremos: el sufrimiento y el tedio. El querer y su satisfacción. Mientras queremos algo sufrimos por la carencia específica que aquello supone y cuando tal querer es satisfecho, surge algo peor que el malestar: el aburrimiento, el cual nos hace sentir el vacío de la voluntad desocupada. No obstante, la rueda de Ixión jamás se detiene, pronto aparecerá un nuevo deseo acompañado de un nuevo dolor. Y su satisfacción volverá a mostrarse vana para calmar la sed de voluntad. Una voluntad que nunca encuentra un objeto que satisfaga su querer porque, en realidad, no quiere nada y en el mundo fenoménico se limita a aparentar un querer. El dolor del mundo es, en último término, la manifestación del absurdo de una voluntad incapaz de querer.

Las personas se embarcan a menudo en una persecución compulsiva de gratificaciones para el ego  y de cosas con las cuales identificarse para llenar el vacío que sienten dentro. [xix]

Si eligen adorar el dinero y los bienes materiales nunca tendrán suficiente. Si eligen adorar su cuerpo siempre se verán feos. Si eligen venerar el poder terminarán débiles y cada día necesitarán más poder para no verse amenazados por los demás. Si eligen venerar su intelecto terminarán sintiéndose estúpidos. Lo más terrible de todas estas formas de adoración, no es que sean malas, sino que son automáticas. El funcionamiento por defecto.  Tener cosas, poder y estatus, puede sin lugar a dudas ayudar a las personas a llevar una vida más cómoda, pero no pueden darnos una vida más feliz. La felicidad, el verdadero gozo, viene del ser, no del tener.

Los seres humanos estamos hambrientos de tener. Tenemos hambre de aprobación, hambre de atención, hambre de afecto. Tenemos hambre de libertad para aceptar la vida, conocernos y ser realmente nosotros mismos. Pero esa hambre, atrae una serie de consecuencias asociadas, sobre todo si no se sabe gestionar bien y una de las consecuencias principales es nuestra propia victimización, que precisamente surge del miedo.

El victimismo procede del interior. Nadie puede convertirnos en víctimas excepto nosotros mismos.  Muchas veces, a través del sufrimiento,  nos aferramos a nuestra propia victimización y desarrollamos una mentalidad de víctima. Una forma de pensar rígida, culpabilizadora, pesimista, atrapada en el pasado, implacable y castigadora fuera de los límites saludables. El monólogo interior hace que nos convirtamos en nuestros propios carceleros

Me viene a la mente una frase de David Foster Wallace, en la que dice que no es casual que los adultos que se suicidan con un arma de fuego lo hagan apuntándose a la cabeza. Intentan liquidar al tirano[xx]. A esa mente que les empuja a la satisfacción inmediata de sus más primitivos impulsos

No sabemos a dónde vamos, no sabemos qué va a pasar pero nadie puede quitarnos aquello que ponemos en nuestra mente, ya sea bueno o malo.

Elige conscientemente en lo que prestar atención y en lo que centrar tus pensamientos, porque la libertad implica atención, conciencia y disciplina.


[i] El tercer chimpancé de Jared Diamond

[ii] Génesis en África de Robert Ardrey

[iii] Fragmento de Colapso, de Jared Diamond

[iv] Fragmento de El instinto del lenguaje, de Steven Pinker

[v] El tercer Chimpancé, de Jared Diamond

[vi] Fragmento de Colapso, de Jared Diamond

[vii] El tercer chimpancé de Jared Diamond

[viii] Extracto de la carta escrita por el jefe Seattle de la tribu duwanish de indios americanos al presidente Franklin Pierce en 1855 contenido en el libro, El tercer chimpancé, de Jared Diamond

[ix] Ibíd.

[x] Figes, O. (2009) Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin. Editora y Distribuidora Hispano Americana S.A.

[xi] Las cuatro nobles verdades del budismo

[xii] Spinoza, B (2011) Ética: demostrada según el orden geométrico. Alianza Editorial

[xiii] La parte racional de las personas es “el jinete“. Es quién toma las riendas y piensa a dónde ir. La otra parte, la emocional, es “el elefante“. Esta entente entre jinete y elefante es una propuesta del psicólogo Jonathan Haidt para entender el comportamiento humano

[xiv] El arte de sobrevivir, de Arthur Schopenhauer

[xv]  Carta de consolación a Marcia – Séneca

[xvi]  El crepúsculo de los ídolos. Nietzsche. 1889

[xvii] Tolle, E. (2013) El poder del ahora. Una guía para la iluminación espiritual. Gaia

[xviii] Harari, Y.N (2014) Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad. Ed.1 Debate

[xix] Tolle, E. (2013) El poder del ahora. Una guía para la iluminación espiritual. Gaia

[xx] David Foster Wallade, Discurso de la ceremonia de graduación del Kenyon college (2005)

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