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Cambia tú para cambiar el mundo

El siguiente artículo es un fragmento de mi libro Homo Irrationalis

Antonio Pío fue el sucesor de Adriano como emperador. El título de Pío le fue dado a posteriori por el Senado quien también lo llamó Optimus prínceps, o el mejor de los príncipes. Incluso su sucesor Marco Aurelio, cuando no sabía muy bien qué decisión tomar se decía a sí mismo, haz en este caso lo que hubiera hecho Antonio.[i]     

            Cuando accedió al trono frisaba los cincuenta ya y su primer gesto fue ingresar su inmensa fortuna en las arcas del Estado. A su muerte, su patrimonio se reducía a cero pero  el de Imperio se elevaba a dos mil setecientos millones de sestercios, algo que no se volvería a alcanzar jamás.[ii]

            Cada gasto que hacía, por más insignificante que fuese, pedía autorización al Senado y de ese modo reordenó el Estado. Los derechos y deberes de los cónyuges fueron equiparados y la tortura prácticamente abolida. La muerte de un esclavo fue declarada delito.

            No hay escritor de la época que no haya ensalzado la tranquilidad de Antonio Pío. Tal fue su éxito que según Apiano, decenas de embajadores extranjeros querían entrevistarse con él para pedirle que sus territorios se anexionasen al Imperio. Este reinado feliz duró veintitrés años. El mundo estaba gobernado por un padre, escribía Renan.[iii]

            A su muerte lo sucedería un joven de tan solo dieciséis años. Marco Aurelio, el emperador filósofo, que continuaría su obra como una oleada de peste o las continuas guerras con los germanos. Después de Marco Aurelio, comenzaría la edad oscura en el más sentido estricto del imperio y la iniciaría su hijo Cómodo.

La visión Mahayana del mundo considera que ningún suceso puede existir independientemente del resto de sucesos o de cosas porque cada una de ellas depende de todos los demás. Todo lo que existe implica a todo lo demás y el conjunto de cosas depende de cada objeto  y suceso particular. Algo que la filosofía Zen se refiere como tomar una brizna de hierba y utilizarla como un buda de oro de cinco metros de altura.

            Para los budistas, el único hecho aislado que puede existir es  el que se compone con la totalidad de todos los demás. Por ello, sólo podremos conocernos a nosotros mismos en el trasfondo que nos proporciona la relación con el resto del mundo.[iv]

            En la tradición sánscrita, la perfección de la sabiduría es de tres tipos, la sabiduría que comprende el vacío, la que comprende el  conocimiento propiamente dicho y la de las habilidades necesarias para beneficiar a los demás seres sensibles que nos rodean[v].  La sabiduría que comprende el vacío se refiere a la sabiduría que se obtiene en el proceso de meditación, cuando  no hay trabas ni límites sobre el espacio. Meditando, la mente se encuentra en un vacío entendido como la ausencia de personas y fenómenos. Solo en ese vacío se puede alcanzar la sabiduría.

            Los budistas le dan especial énfasis en este tipo de  sabiduría del vacío porque sin ella, el hombre quedaría anclado en la continua rueda de reencarnaciones, conocida como Saṃsāra [vi]*. Atrapados en ese bucle, nuestra capacidad de beneficiar a los otros queda muy limitada. Si hasta ahora no has entendido mucho, no te preocupes que vamos a ir desarrollando las ideas poco a poco.

En verdad, vasta es la red táctica del gran Indra, poderosa de acción y tempestuosa de gran velocidad. Por esa red, oh Indra, salta sobre todos los enemigos para que ninguno de los enemigos pueda escapar del arresto y el castigo[vii]

Hace cinco mil años, los textos védicos contaban como Indra, el  dios de las fuerzas naturales que protegen y nutren la vida, estableció los cimientos del mundo en el Cielo Tushita. Para ello, colgó sobre su palacio, en el Monte Meru, una red de hilos de seda, como la tela de una araña que se extendiera hasta el infinito en todas direcciones. En cada nudo de la red puso una gema preciosa, que refleja en sus perfectas facetas a todas las demás gemas que cubren la red hasta el infinito. De ese modo, cada una de esas gemas reflejaba  en sí misma de manera fractal todas y cada una de las gemas  del inmenso tejido.[viii]

Cada persona, cada animal, cada árbol y cada planta de la creación es una de esas joyas. Cada idea o cada pensamiento que esté dentro de una persona se refleja en todo cuanto existe, por ello Buda dijo que aunque en tu pensamiento te veas como un ser independiente y separado del resto del mundo, en realidad formas parte de la existencia común de todo cuanto alguna vez haya sido. Jamás podrías existir en virtud de ti mismo, por ti solo, pues existes en virtud de la gloriosa existencia de todo cuanto hay a tu alrededor.[ix]

El ser humano ha crecido pensando en su propia individualidad. Desde que salió de las cavernas, de manera inmediata se quiso hacer con el control del universo que habitaba subyugando a todos los demás seres que encontraba a su paso. Quizá sin querer ver que cuando mataba a cualquier ser vivo para comérselo se estaba matando un poco a sí mismo.

Volvamos una vez más a las palabra de Buda, dentro de ti se refleja todo cuanto existe y todo cuanto ha existido alguna vez en el universo, y tú te reflejas a tu vez en todo cuanto existe. A cada instante, el mundo entero está dentro de ti y tú estás dentro de todo cuanto existe.[x] El mito de red de Indra ilumina una nueva comprensión del alma del mundo, de las relaciones y la comunicación humana[xi].

Cuando Europa fue atacada por los temibles vikingos durante la Edad Media, cada persona se vio obligada a velar por su propia seguridad y la de su familia. Para ello se agrupaban para defenderse bajo cualquier jefe local fuerte que estuviese dispuesto a combatir y prestase poca atención al distante rey que no podía hacer nada al respecto.

El rey carecía de ejército central y no podía viajar de un extremo a otro del país por lo que a la vez que el poder del rey disminuía, la prosperidad de Europa caía en picado de la misma manera. El comercio quedó reducido a la nada y cada propiedad tuvo que volverse autosuficiente de manera escasa y miserable, Las ciudades quedaron reducidas a las aldeas y solo unos pocos sacerdotes podían leer los pocos libros que quedaban. Comenzaba el feudalismo como hemos visto en el relato de Carlomagno.

El rey era consciente de todas las limitaciones a las que se enfrentaba   y decidió ponerles remedio. En Europa parecía que todo estaba muerto, pero algo sobrevivía bajo los escombros. El ingenio humano, lento pero inexorable nunca cesó su marcha. Unas pocas personas se negaron aceptar la oscuridad y decidieron encender un tímido faro que poco a poco se volvería más grande y una de ellas fue Carlomagno. 

Como veremos en capítulos posteriores, pocas décadas después de la muerte de Carlos se inventó el arado de vertedera, más adaptado al suelo pesado y húmedo del norte de Europa, entraron en uso las colleras y las herraduras y con todo esto, la agricultura comenzó a florecer de nuevo. Empezó a difundirse el uso del molino de agua lo que hasta el advenimiento de la máquina de vapor sería la fuerza motriz más importante.

Los hombres siguieron muriendo por las enfermedades, las guerras y el hambre pero el cambio que habían iniciado unos pocos hombres fue el viraje decisivo  para una gradual disipación de la oscuridad.

La inteligencia colectiva amplia la conciencia a lo largo de toda una cultura. Cuando una persona entiende esa compleja red de causa y efecto y transmite su conocimiento a los demás, esa comprensión acaba formando parte de la memoria grupal y la puede utilizar cualquier individuo que la necesite. [xii]

Esta inteligencia va creciendo poco a poco gracias a las contribuciones de todos los individuos que, como las joyas de la red de Indra,  se encargan de distribuirlas a todos los demás.

Coge una brizna de hierba, todos los mundos están contenidos en ella. Todo el cosmos está implícito en cada uno de sus miembros y cada aspecto de aquel debe ser considerado como su centro,  nos dice Alan Watts. 

Cuando una persona extiende la red de causas y efectos y transmite su conocimiento a los demás, esa comprensión acaba formando parte de la memoria grupal y puede ser utilizada por cualquier individuo que la necesite.  La inteligencia colectiva se empieza a distribuir entre amigos y familiares para terminar formando parte de toda la cultura y va creciendo con la contribución de cada individuo donde, al igual que la red de Indra, se ven reflejados todos los demás.

Este concepto, al que los estoicos  denominaban sympatheia, queda muy bien resumido en una frase de Marco Aurelio: Lo que no es bueno para la colmena no es bueno para la abeja.

Cuentan los historiadores que en una ocasión la ciudad de Éfeso estaba sufriendo un largo sitio por parte de los persas pero sus habitantes continuaban viviendo como si las provisiones no fueran a terminarse nunca. Cuando los víveres comenzaron a escasear, Heráclito, proveniente de una familia de notables y considerado persona culta,  intervino en la asamblea. Sin decir una sola palabra, cogió cebada triturada, la mezcló con agua y se la comió en medio de todos.  Los ciudadanos a partir de entonces comenzaron un periodo de austeridad que desalentó definitivamente a los persas. [xiii] Ese simple gesto bastó para que sus vecinos se dieran cuenta de que lo estaban haciendo mal y, con su ejemplo, cambió aquella realidad


[i] Historia de Roma, de Indro Montanelli

[ii] Ibíd.

[iii] Ibíd.

[iv] Budismo de Alan Watts

[v] Budismo, de Dalai Lama y Thubten Chodron

[vi] Saṃsāra es el ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación en las tradiciones filosóficas de la India; en el hinduismo, budismo, jainismo, bön, sijismo y también en otras como el gnosticismo, los Rosacruces y otras religiones filosóficas antiguas del mundo

[vii] Atharva Veda versículo 8.8.6.

[viii] The Earth Stories Collection

[ix] Ibid.

[x] Ibíd.

[xi] La red de Inda, de Ascensión Belart

[xii] Fragmento de  Inteligencia ecológica, de Daniel Goleman

[xiii] Historia de la filosoría griega, Tomo 1, de Luciano de Crescenzo

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La sobreprotección de los niños

El siguiente capítulo es un fragmento de El día que el mundo cambió

El bisabuelo de Michel de Montaigne se casó con la mujer más rica de Burdeos, lo cual sentó las bases de la fortuna familiar.  Posteriormente compró el castillo donde vivirían al arzobispo de la ciudad por la suma de novecientos francos. Una fortuna para la época. Su hijo, el padre de nuestro protagonista,  se desposó con una noble con tan poco rancio abolengo como su padre.

Desde el instante del nacimiento de Montaigne, su padre tuvo claro que, de la misma manera que él había superado a su progenitor en formación, cultura y posición social su hijo debería superarlo a él.

Para ello, reflexionó a fondo sobre la educación que le debería de dar e invitó a sus eruditos amigos humanistas para consultarles respecto al mejor método con la intención de que, en el futuro, su hijo alcanzase un nivel extraordinario en el plano humano y social. Tras varias reuniones y no pocos quebraderos de cabeza, trazó el plan.

Montaigne es separado pronto de la cuna y del seno materno, y en lugar de seguir la costumbre aristocrática encargar su educación a una criada, es alejado del castillo familiar y confiado a unos pobres leñadores que vivían en un minúsculo caserío propiedad del señorío de los Montaigne.

Con ello, su padre no solo espera educar al niño en la frugalidad y la austeridad y fortalecer su cuerpo, sino que también quiere unir al niño con el pueblo, para evitar que su hijo se sienta desde el principio superior. Como vemos, todo lo contrario de lo que pretendía el padre de Buda.

Al cabo de tres años, el padre lleva a su hijo de nuevo al castillo. Siguiendo el consejo de sus sabios amigos, una vez vigorizado el cuerpo, era hora de flexibilizar el alma. Por lo que procuró que hasta los seis años no hablase otra lengua que no fuese latín, la pura lengua universal.[i]

Montaigne estuvo eternamente agradecido a su padre por haberlo liberado de prejuicios. Es preciso habituar al niño a la aspereza y fatiga de los ejercicios para acostumbrarle así a la pena y al sufrimiento de la dislocación, del cólico, cautiverio, prisión y tortura. Estos males pueden, según los tiempos, caer sobre los buenos como sobre los malos.[ii] Escribiría posteriormente.

Los animales domesticados son más infantiles, sociables y amables que sus ancestros salvajes Los ancestros de los perros, gatos, vacas y otros animales domésticos se fueron haciendo menos agresivos en la medida en la que se iban domesticando. De esa manera, pudieron modelar su carácter para convivir con el ser humano.

Los primeros homo sapiens sufrieron un proceso similar de domesticación cuando comenzaron a seleccionar amigos y compañeros en función de su capacidad para vivir dentro de una tribu. Al tener que reprimir alguno de sus instintos mediante una máscara que le propiciase la vida en sociedad, esto produjo, al igual que en los animales antes descritos, una serie de adaptaciones corporales tales como dientes y cuerpo más pequeños, menor instinto agresivo y mayor jovialidad.  [iii] A este proceso se denomina pedomorfia o neotenia.

En la cultura griega, romana y judaica, incluso en las tribus antiguas, el muchacho de doce o trece años era admitido en la comunidad como si se tratase de un hombre más. Hombre entre los hombres, guerrero entre los guerreros. Al contrario que en la pedagogía moderna, la adolescencia era un periodo que no existía.

En la actualidad, entre la niñez y la edad adulta se ha introducido ese periodo de adolescencia que muchas veces tiene un fin difuso. El infantilismo se prolonga mucho más de lo necesario a través de métodos artificiales y antinaturales. El niño crece en una sociedad que prima la sobreprotección de las personas y en este ambiente, el desarrollo no es completo. En consecuencia, todo adolescente se convierte, sin querer, en un nuevo servidor de esta cultura de la hipocresía.

La ignorancia engendra siempre dureza. Por ello, se manda contra los jóvenes una horda de pedagogos de nueva generación que, sin piedad, causa daños irreparables en sus almas infantiles con las eternas y autoritarias órdenes de dominarse, no hacer mucho ruido o protegerse con todo tipo accesorios que garanticen su seguridad. De este modo las mentes infantiles generan todo tipo de miedos que, al reprimirlos,  van degenerando en  problemas físicos y mentales. [iv]

Los niños tienen una curiosidad innata. Son como científicos que utilizan la lógica para experimentar y descubrir la verdad por sí mismos. Sin embargo, a medida que crecen, esa habilidad queda cercenada por el mundo social en el que se desenvuelven.

Desde la primera infancia, la mayoría de nosotros aprendimos que a nuestros padres no les gustaba que hiciéramos muchas preguntas y que sólo las figuras de autoridad, es decir, los adultos, tenían derecho a hacerlas. El resultado fue que dejamos de cuestionar las cosas y aceptamos lo que vimos, oímos y nos dijeron con mansedumbre aceptación. Lamentablemente, este enfoque funcionó bien en la era industrial, pero resulta inútil en la era del conocimiento, porque compromete nuestra capacidad de pensar y entender profundamente.

Vimos cómo el cerebro humano se desarrolló en un entorno donde se tenía que enfrentar a conflictos frecuentes y a menudo violentos. De esos conflictos, la neuroplasticidad del cerebro hace que este se vaya adaptando a ese tipo de estresores.

La sociedad actual es todo lo contrario. La ultraseguridad hace que se aísle a los niños en burbujas, tanto higiénicas, como de pensamiento y emocionales, lo cual hace que cuando tengan que enfrentarse  a cualquier problema de verdad, por mínimo que sea, no sepan. En consecuencia, cada vez proliferan más enfermedades como ansiedad y depresión a una edad cada vez más temprana y lo que es peor, cada vez se médica a niños más jóvenes contra estos trastornos.

Estos niños que crecen en un entorno donde se les ha dado todo en todo momento y, donde ni siquiera han tenido que escuchar nada incómodo, a menudo al crecer se convierten en seres inútiles y amargados, que se niegan a asumir cualquier tipo de responsabilidad y que, incapaces de  manejar su frustración, le  echan la culpa de todas sus males a otras personas.

Immanuele Kant nos ilustra de la siguiente manera: Si un niños hace en su casa lo que le viene en gana, se convertirá en un ser despótico, y al topar luego en la sociedad con una resistencia generalizada, a la que no está ni mucho menos acostumbrado, no le será útil la sociedad. Los árboles se disciplinan mutuamente en el bosque al buscar aire que les es necesario para su crecimiento, no junto a los otros, sino por encima de sí, allí donde no encuentran obstáculo alguno, creciendo de este modo derechos hacia lo alto. Por el contrario, un árbol en pleno campo, donde no se ve limitado por ningún otro, crece eternamente atrofiado y luego es demasiado tarde para disciplinarlo. Otro tanto ocurre con el hombre, Si se le disciplina pronto, crecerá derecho, de no hacerlo a tiempo, será un árbol achaparrado[v].

En Estados unidos durante la postguerra se produjo una gran explosión de natalidad      que desarrolló una crianza demasiado permisiva. Sus padres habían vivido la crueldad de la guerra y se habían criado en un entorno en el que tenían que luchar por su supervivencia, por ello querían que sus hijos tuviesen todo lo que a ellos les fue negado. En consecuencia, los niños establecían la orden del día y  rara vez se aplicaban las reglas.

Se consideraba cada vez más que los alborotadores eran rebeldes e inconformistas, o víctimas del racismo, la pobreza o los problemas familiares. Los vándalos grafiteros eran artistas, los ladrones, guerreros de clase y los gamberros de barrio, líderes de la comunidad. Esto llevó a que muchas personas inteligentes, embrutecidas por el entorno, hicieran cosas realmente estúpidas [vi]

El resultado fue unos individuos autoindulgentes, con un control de los impulsos limitado, baja tolerancia a la frustración y unas habilidades sociales mermadas, gracias a haber vivido una infancia libre de consecuencias. Pronto esos niños inventarían los años 60 con una juventud profundamente contestataria, lo que en su época equivalía a decir antibelicistas, anticapitalistas, opuestos al aburguesamiento y la mediocridad de la sociedad de consumo. Adolescentes eternamente frustrados, con problemas de ansiedad y con una baja gestión de emociones. No se sabe muy bien por qué, pero el movimiento de peace and love de la misma manera que vino, se fue sin dejar rastro.

En Europa, este movimiento alcanzó su máximo esplendor en 1968 con una serie de revueltas estudiantiles.  Los jóvenes, nacidos en torno a mediados de los años 40 consideraban a sus padres como  criminales de guerra por haber luchado en la Segunda Guerra Mundial y por ello los despreciaban. Esto terminó en una escalada de violencia amparada en ideología de corte socialista – comunista que se extendió, en mayor o menor medida, por varios países europeos.

Un padre edípico clásico es como la bruja de Hansel y Gretel. En este cuento, los dos niños  tienen una nueva madrastra que ordena a su marido que los abandone en el bosque. El hombre obedece y lleva a sus hijos  a lo más profundo del bosque. Abandonados a su suerte, los niños se encuentran con una casa hecha de golosinas y todo tipo de dulces. Ante tal tentación, acceden a ella, donde se encuentran a una anciana que resulta encantada de darles palmaditas en la cabeza, y acceder a todos su deseos de forma inmediata.

Ser tan servicial resulta darle hambre a la anciana, por lo que introduce a Hansel en una jaula para cebarlo. De manera astuta el niño consigue engañarla sacando un viejo hueso de pollo cada vez que la vieja bruja quiere palpar la textura deseada.

La espera puede con la anciana y prepara el horno para cocinar pero Gretel, a quien aparentemente no se le ha reducido a una sumisión absoluta. En un momento de descuido empuja a la amable anciana al interior del horno. [vii]

Hay muchos padres que no se dan cuenta que la sobreprotección excesiva mina el espíritu de los niños y destruye sus almas en desarrollo. La emoción soterrada por debajo de todo esto es que sobreprotegen a los niños por ellos mismos. Para intentar sanar emociones que surgen del ego, del miedo, de o de la ignorancia, utilizan patrones que han visto en sus padres.

En realidad, con este comportamiento, este padre o madre lo único que está haciendo es huir de sí mismo, de atender sus propias necesidades emocionales y volcando toda esta herida emocional en sus hijos a base de excesiva protección.

Esa sobreprotección deriva en adultos incorregibles y contestatarios que no dudan, de manera metafórica, en arrojar a sus progenitores al fuego, como hizo Gretel en el cuento.

La ultraseguridad coge a los niños, que son antifrágiles por naturaleza, y los convierte en adultos jóvenes más frágiles y con más ansiedad. Niños que salen al mundo pensando que están llenos de peligros, que el mal acecha a la vuelta de cualquier esquina. Algo para lo que han sido emocionalmente anulados desde pequeños, por criarlos en una burbuja de seguridad

A los niños les gustan las situaciones incómodas que les permiten desarrollarse. Cuando nos enfrentamos a un peligro y lo superamos con éxito, nuestro cerebro segrega dopamina como premio y nos sentimos bien. De lo contrario, si se les sobreprotege, fracasarán cuando les surja algo inesperado, peligroso y cargado de oportunidades.

El juego sin supervisión es vital para los niños. Un niño privado de juego o que no muestra interés en él, rara vez alcanza una vida adulta socialmente satisfactoria.

El juego además activa las vías dopaminérgicas. El psiquiatra Stuart Brown hizo hincapié en que lo opuesto al juego no es trabajar, sino la depresión. [viii]

Cuando las actividades supervisadas por los adultos desplazan el juego libre, los niños son menos propensos al arte de la asociación y por lo tanto a desarrollar el pensamiento crítico.

Muchos animales, cuando son cachorros, pelean con sus hermanos chocando sus cuernos o mordiéndose. Cuando el ser humano inventó el deporte, canalizó esa violencia hacia ese tipo de diversión lo que atrajo a chicos de todas las edades. La sociedad occidental ha llevado su aversión a la violencia cada vez más lejos y al estar prohibidos los tipos más tentadores de violencia, eso conduce, en su frustración,  al abuso escolar, las palizas, la intimidación o la simple agresión.

            Negar a un niño la libertad para explorar por su cuenta les quita importantes oportunidades de aprendizaje que les ayudan a desarrollar la independencia y la responsabilidad.

El cuerpo humano tiene receptores que perciben un daño potencial en los tejidos. Estos receptores son los llamados nociceptores y son muy importantes porque nos ayudan a detectar posibles peligros y los límites de nuestro cuerpo. Los niños pronto aprenden a moverse sin chocar porque, cada vez que se dan un golpe, se manda una señal al cerebro. De esa manera van mapeando dónde acaba su cuerpo, dónde empiezan otros objetos y la fuerza con la que pueden chocar con ellos. Lo mismo con la temperatura o con objetos que cortan o pinchan.[ix]

Los parques de ahora son prácticamente como quirófanos. El suelo es blando para que no se hagan daño. Han bajado los toboganes y la altura de los columpios y ahora son de plástico sin ningún tipo de arista que sobresalga. Todo ello en un ambiente inmaculado. Ningún niño podría hacerse daño aunque quisiera.

No se permite a los niños salir al sol por si cogen cáncer de piel, no se les permite jugar en la hierba por los bichos, no se les permite jugar con el agua por si se mojan y cogen frío. Han suprimido los balancines o les han puesto muelles para que el niño no se caiga cuando esté arriba. Se han suprimido todos los programas de televisión donde salgan niños subiéndose a árboles o montando en bici o triciclo sin casco y todo tipo de protectores. 

A esto le sumamos que cuando los niños llegan a casa, no es raro que sus padres tengan las esquinas cubiertas con espuma e instrumentos similares.  Esto anula la nocicepción, que es una de las principales fuentes de información sobre lo que es seguro y lo que no y hace que los niños aprendan a ignorar esas señales nociceptivas y a evitar la reacción del cerebro ante ellas.

El no suponer ningún reto, ningún estímulo, ni ningún peligro, pronto los niños terminan aburriéndose de los tan seguros columpios y hastiados buscan otras diversiones.  Pero ante esto están los padres edípicos, que les recuerdan aquellas cantinelas del ‘no corras no siendo que te vayas a caer’,  ‘no te acerques a ese perro no te vaya a morder’ o ‘cuidado con el bordillo a ver si te haces daño’. O peor aún, si el niño se da un golpe contra un banco por ejemplo, le echan la culpa al banco ‘banco malo’. Con esto, en la psique de los niños va quedando el mensaje de que ellos no son responsables de sus actos, siempre la culpa es de algo externo.

Impedir que los niños jueguen libremente supone una amenaza para las sociedades liberales. Con ello pasamos de un marco conceptual de “averiguar tú solo como se resuelve un conflicto” a “depender de una tercera persona para ello”.

Y peor aún, evitar por imposición que escuchen ideas con las que los padres no están de acuerdo, aparte de que eso no es educar, sino adoctrinar, atrofia el desarrollo del pensamiento crítico. La homogeneidad en los puntos de vista,  tanto políticos como de cualquier otra índole, hace a la comunidades más vulnerables al pensamiento de grupo y la ortodoxia lo que favorece comportamientos tribales como la caza de brujas cuando estas comunidades se sientan amenazadas desde fuera. Y la caza de brujas es lo que lleva, en última instancia a  comportamientos como la deskulakización en Rusia o el antisemitismo en Alemania.

Estos hechos parecen muy lejanos en el tiempo, pero la polaridad del pensamiento en especialmente en las universidades, está suponiendo un problema cada vez mayor en la sociedad actual. La adopción de las nuevas tecnologías en las que la comunicación es anónima favorece las cámaras de eco, donde la gente solo escucha o lee opiniones afines a sus pensamientos.

Las cámaras de eco funcionan como un amplificador de informaciones, que reafirman a los participantes sus creencias y censuran las versiones discordantes. Estas generan lo que se llama homofilia, que se traduce literalmente como amor a iguales, mediante la cual las personas solo se relacionan con aquellas otras con similitud de creencias.  

Las consecuencias de esto para las democracias pueden ser muy graves ya que se fomenta la polarización y la desinformación, generando mentes colmena.

Si los niños se acostumbran a que nada les perturbe y nada les pueda hacer daño, cuando la interacción con la sociedad se vuelva más áspera, de ello resultará un mundo con más conflictos y más violencia. Y cuando surgen los conflictos en un niño adulto que nunca se ha enfrentado a ellos, el primer instinto es apelar a un tercero para que ejerza coacción y resuelva los problemas que debería resolver por él mismo.[x]

Esto, huelga decir, que es un perfecto caldo de cultivo para todo tipo de ideologías fanáticas. La consecuencia final  es que la población queda reducida a un mero rebaño de animales tímidos y laboriosos cuyo pastor es el Gobierno, que rápidamente sale a ejercer esa labor de salvador.

Esto no es nada nuevo. Es algo que ha venido pasando desde la antigüedad. Séneca en su libro Sobre la Ira, dice  que lo necesario es, alejar a la infancia de toda adulación, que oiga la verdad, que algunas veces conozca el temor y siempre el respeto. Que rinda homenaje a la ancianidad, que nada consiga por la ira. Ofrézcasele cuando esté tranquilo aquello  que se le negó cuando lloraba. Que tenga en perspectiva y no en uso las riquezas paternas y que se le repruebe toda mala acción.

Estamos llegando a un punto en el que colegios y universidades de todo el mundo están favoreciendo la cultura del estudiante delator. Al igual que en Rusia o en China como vimos, los jóvenes están llegando a creer que el peligro está en todas las partes y que todo el mundo debe de estar alerta para denunciar a las autoridades del centro cualquier amenaza que sientan. Maestros que se creen con la autoridad moral de inculcar ideas políticas a los niños  fomentan el sentimiento de Nosotros contra Ellos y el miedo a ir en contra del pensamiento único campa a sus anchas en los centros. Eso hace que algunas universidades se hayan visto obligadas a cancelar conferencias que tenían programadas  al recibir todo tipo de amenazas o actos de violencia de los estudiantes llenos de odio.  Un odio alimentado por las distorsiones cognitivas a las que sufren y que nadie les ha enseñado a conocerlas ni a controlarlas.

La ultraseguridad está dando un duro golpe a la razón. Por ello,  ahora más que nunca es necesario enseñar a las nuevas generaciones los valores del humanismo.

Espero que, de vez en cuando, en los próximos años, os traten injustamente, para que así lleguéis a conocer el valor de la justicia. Espero que sufráis la traición, porque eso os enseñará la importancia de la lealtad. Lamento decirlo, pero espero que os sintáis solos de vez en cuando, para que no deis por seguros a vuestros amigos. De nuevo, os deseo mala suerte de vez en cuando, porque así seréis conscientes del papel que desempeña el azar en la vida y que el fracaso de los demás tampoco es completamente merecido. Y cuando perdáis, como os ocurrirá en algunas ocasiones, que de tanto en tanto vuestro adversario se regodee en vuestro fracaso. Es una forma de que entendáis la importancia de la deportividad. Espero que os ignoren, para que sepáis lo importante que es escuchar a los demás, y espero que sufráis el suficiente dolor para aprender a ser compasivos. Desee o no estas cosas, van a ocurrir. Y que saquéis provecho de ellas dependerá de vuestra capacidad de ver un mensaje en vuestras desgracias [xi] Estas fueron las palabras que pronunció el presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos John Roberts en el discurso de graduación de sus hijos y van más en línea con preparar al niño para el camino y no al contrario.

La antifragilidad es algo que no se enseña directamente, pero las persona deberían de tratar de darle a sus hijos, al igual que el padre de Montaigne, el regalo de la experiencia. Este regalo consiste en reconocer que los niños necesitan pasar algún tiempo sin ningún tipo de supervisión para poder aprender por ellos mismos los riesgos y practicar la gestión de cosas fundamentales como la frustración, el aburrimiento o los conflictos interpersonales.

De este modo, sentencia Montaigne: no es conveniente educar a los hijos en el regazo de sus padres. El amor de estos los enternece demasiado y hace flojos hasta los más prudentes. No son los padres capaces ni de castigar sus faltas, ni de verlos alimentarse groseramente,  como conviene que se haga. Tampoco podrían soportar el verlos sudorosos y polvorientos después de algún ejercicio rudo, ni que bebieran líquidos demasiado calientes o fríos, ni el verlos sobre un caballo indócil, ni frente a un tirador de florete o un boxeador. Tales ejercicios son el único medio de formar un hombre y ninguno hay que descuidar durante su juventud.[xii]

Si eres padre, pregúntate si quieres que tus hijos estén seguros o prefieres que se hagan fuertes.


[i] Zweig, S. (2010) Montgaigne. Acantilado

[ii] Montaigne, M. (2007) Los ensayos: según la edición de 1595 de Marie de Gournay. Ed. 1. Acantilado

[iii] Haidt, J. (2019) La mente de los justos. Planeta

[iv] Zweig, S. (2016) La curación por el espíritu (Mesmer, Baker-Eddy, Freud). Acantilado

[v] Lecciones de ética, de Kant

[vi] Pinker, S. (2012) Los ángeles que llevamos dentro: El declive de la violencia y sus implicaciones. Ediciones Paidós

[vii] Peterson, J.B. (2019) 12 reglas para vivir. Un antídoto contra el caos. Ed. 1. Planeta

[viii] Sapolsky, R. (2020) Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos. Capitan Swing

[ix] Ojeda, J. (2020) Tres pasos contra el sedentarismo. RBA Libros

[x] Haidt, J. y Lukianoff, G (2019) La transformación de la mente moderna. Planeta

[xi] Haidt, J. y Lukianoff, G (2019) La transformación de la mente moderna. Planeta

[xii] Montaigne, M. (2007) Los ensayos: según la edición de 1595 de Marie de Gournay. Ed. 1. Acantilado

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Evolución biológica y deporte

El siguiente artículo es un fragmento del libro El día que el mundo cambió

Durante diez mil años, la gran mayoría de los seres humanos cultivaban su propio alimento y criaban animales que para que les ayudasen con el trabajo y les diesen de comer. Fue solo a partir de la revolución industrial cuando el homo sapiens se hizo eminentemente urbano. Con el paso de los años, los nuevos avances le dieron un trabajo de oficina, una casa donde vivir y todo tipo de comodidades de las que no había gozado en otras épocas.

A pesar de que diez mil años parece una cantidad enorme de tiempo, es solo un parpadeo si lo comparamos con las decenas de miles de años en los que el homo sapiens fue cazador recolector.

No vamos a caer en la falacia naturalista ni debemos mitificar la vida de los cazadores recolectores de la antigüedad. Recordemos que estaban infestados de piojos, vivían en chozas hechas con sus heces, la comida era insulsa y monótona y la asistencia sanitaria inexistente. Thomas Hobbes solía decir que su estilo de vida era desagradable, brutal y breve. Debían de trabajar muy duro de sol a sol, vivir al día en busca de constante sustento, estando a menudo al borde de la hambruna, carentes de cualquier comodidad material elemental como camas mullidas o vestimenta adecuada, para acabar muriendo jóvenes[i]. Y la llegada de la agricultura solo trajo dolencias más graves y nuevas enfermedades transmitidas por el hacinamiento del ganado.

La evolución supone un proceso muy lento y diez mil años apenas significa nada. Esto implica, necesariamente, que nuestros genes están mejor adaptados a ese entorno dominado por la escasez, la aleatoriedad y los estresores continuos donde se desarrollaron que al entorno de abundancia, certeza y comodidad de la sociedad actual.

Con estos datos, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que si tratamos de imitar un estilo de vida más  adaptado al entorno donde crecieron nuestros genes, la salud, tanto física como mental mejorará exponencialmente. Esto no implica necesariamente que tengamos que abandonar las comodidades que la sociedad nos brinda, simplemente adaptarlas.

Durante el periodo en el que el ser humano se dedicaba a cazar y recolectar, la comida no estaba asegurada. Cazábamos en respuesta del hambre y como cazar suponía un esfuerzo, eso incrementaba el déficit calórico. Tras el esfuerzo venía el premio en forma de comida y nunca antes.

Al igual que todos los depredadores en la naturaleza cazan para comer y no comen y después cazan por placer, alimentar a las personas antes de que hayan gastado energía confunde sin duda al proceso señalizador del organismo. La evidencia científica cada vez tiene más pruebas de que privar al organismo de manera intermitente de comida genera muchos efectos beneficiosos en nuestro cuerpo. [ii]

Por eso, ideas instauradas en el imaginario colectivo como que el desayuno es la comida más importante del día, desde un punto de vista evolutivo no tienen sentido. Y menos aún si a esta comida la acompañamos de cereales bañados en azúcares y otros productos procesados que elevan nuestra respuesta insulínica.

Esto ya lo sabían religiones de Oriente Próximo como el judaísmo, el Islam o el cristianismo ortodoxo y por eso imponían días de ayuno.

Platón afirmaba que los ayunos mejoraban la capacidad física y mental. Pitágoras requería a sus alumnos ayunar antes de ir a clase. Plutarco afirmaba que un día de ayuno era preferible a cualquier medicamento. Séneca en su tratado Sobre la Ira hace mención que ya los médicos hace dos mil años  ponían como tratamiento el ayuno para curar enfermedades a sabiendas del poder curativo que el propio cuerpo tiene. Hipócrates decía que comer cuando estás enfermo es alimentar tu enfermedad. Podría seguir pero creo que queda clara la idea.

Casi todo el mundo entiende que el entrenamiento produce un estrés metabólico que hace que el cuerpo mejore, pero extrañamente no aplican el mismo argumento cuando hablamos del ayuno.  Desde hace pocas décadas la gran industria de la alimentación, cuyos beneficios no vienen de que la gente esté sana, sino de vender más, ha puesto de moda hacer no menos de cinco comidas al día, introduciendo entre las comidas principales dos snacks y vendiéndolo como la quintaesencia de la salud. Nunca el ser humano ha tenido tanta comida a su disposición y también nunca ha sido tan grande la lista de enfermedades que le afectan.

La relación del ser humano moderno con lo que come, en muchas ocasiones está vinculado a sus emociones. Incapaz de gestionarlas correctamente, encuentra en todo tipo de alimentos procesados, normalmente cargados de grasas saturadas y azúcares, un placer fugaz que adormece su cerebro.

Ya desde la infancia nos enseñan que si nos portamos bien nos darán chocolate o que si comemos toda la comida tendremos postre. Ese comportamiento, en apariencia inocente, desarrolla una mala relación con la comida en la vida adulta.

El deseo de alimentos densos desde el punto de vista calórico, que suponía antes una ventaja evolutiva, ahora se ha convertido en una tendencia autodestructiva.  Antiguamente, la única manera de comer algo dulce era en forma de fruta. El azúcar del alimento era acompañarlo con grandes cantidades de fibra que enviaban al cerebro la señal de saciedad. Ahora los alimentos ultraprocesados están diseñados para inhibir esa señal de saciedad y poder ingerir de una sentada grandes cantidades de azúcar que de manera natural sería imposible. Esto hace que nuestro cerebro libere serotonina, una sustancia que nos ayuda a sentirnos mejor, pero también que nuestro páncreas tenga que liberar grandes cantidades de insulina para contrarrestar ese choque de glucosa.

Tras el subidón de azúcar vendrá un bajón que, como un adicto, empujará a nuestro cuerpo a la necesidad de un nuevo chute calórico. Esto produce un círculo vicioso en el que el cuerpo se hace resistente a la insulina segregada, por lo que cada vez tiene que generar más para producir el mismo efecto. El final de este proceso es todo tipo de enfermedades como la diabetes o el Alzheimer (denominada por algunos círculos científicos como diabetes tipo 3)

Volviendo a la antigua Grecia, Hipócrates  decía que la protección más importante contra la enfermedad era la moderación y una vida sana.  Pensaba que el estado natural de una persona es estar sana y que la enfermedad surge a causa de un desequilibrio físico o psíquico. Por tanto, la receta para estar sano era la moderación y la armonía.

En Delfos, el segundo de los principios, después del ‘conócete a ti mismo’, era ‘de nada demasiado’, es decir, buscar siempre ese principio de moderación. Los grandes sabios dijeron hace miles de años que el diez por ciento de lo que comes te mantiene vivo, el noventa por ciento restante mantiene vivo a tu médico.

***

Nuestro cerebro ha coordinado de manera perfecta sus acciones el 99 por ciento de las veces a lo largo de la historia. Muchas veces descansar era un lujo, de modo que cuando teníamos esa posibilidad no había que desaprovecharla. Desde hace pocas décadas, el holgazaneo se ha convertido en la forma de vida del ser humano por excelencia[iii]. Hemos cogido nuestros cuerpos fuertes y robustos de cazadores recolectores y lo hemos metido con calzador en un mundo artificial, al igual que el pez en la pecera con bombillas artificiales, alimentos preparados y medicamentos que lo mantienen enfermo, pero vivo.

Como hemos dejado de hacer lo que nuestros cuerpos deberían de hacer lo estamos pagando con creces. Casi todas las causas de muerte del llamado mundo desarrollado no existían para nuestros antepasados.[iv]  

Christopher McDougal dice que todas las películas de acción retratan el fin del mundo como una gran explosión producida por una guerra nuclear, un cometa o evento similar, pero el verdadero cataclismo podría estar ya forjándose sigilosamente delante de nuestras narices.[v]

Quizá lo antiguos hindúes manejaban sus bolas de cristal mejor que los estudios de Hollywood cuando predijeron que el fin del mundo no terminaría con una gran explosión sino con un gran bostezo. Shiva el destructor nos destruiría haciendo….nada, holgazaneando. Retirando la fuerza vital de nuestros cuerpos y dejando que nos convirtamos en babosas, escribe. [vi]

Los estoicos distinguían entre la mente y el cuerpo como sustancias separadas, pero a su vez sabían reconocer el estrecho vínculo entre las mismas. Es decir, la mente no forma parte del cuerpo pero un cuerpo decrépito o saludable tiene el potencial de alterarla. Fue precisamente en el imperio romano donde nació la afamada expresión mens sana in corpore sano, cuyo sentido original era orar para disponer de un espíritu equilibrado dentro de un cuerpo equilibrado.

El cuerpo es entendido como una herramienta que actúa como catalizador del rendimiento mental y espiritual. Mientras el vicioso abusa de su cuerpo sin límite lesionando su alma, el virtuoso lo cuida para mantener el equilibrio interno.

Pero no cometamos el error de caer en la trampa del narcisismo. Sin duda, una buena forma física es señal de fortaleza, pero fuera de estímulos naturales, la motivación para adquirirla puede indicar alguna debilidad profunda e incurable[vii], nos recuerda Taleb.

Algo que tenemos que tener bien presente es que el cuerpo tiene fecha de caducidad debido a que nuestro paso por el mundo es fugaz (memento mori). El alma no es el vehículo del cuerpo, sino que el cuerpo es el vehículo del alma y por eso cobra especial sentido el cuidarlo con mimo y no arrojarse a los excesos, muchos de ellos provocados por una mala gestión emocional.

 El que vive como si nunca fuera a morir se condena a un sufrimiento justo, ya que ha elegido ser bueno mañana en lugar de serlo hoy. Acepta las reglas de la vida y actúa acorde a sus limitaciones, dejó escrito  Epicteto.

En el mundo heleno, el deporte no respondía al concepto actual o, al menos, no del todo. Era considerado como algo mucho más valioso y recogía un amplio espectro de valores. La preparación psicológica para la competición y el respeto a los dioses, imprimían un mayor ánimo al atleta y aportaba los requisitos que todo griego distinguía del hombre perfecto, tanto física como moralmente. El entrenamiento del deportista era considerado como una preparación para la guerra y para la vida, un equivalente en la paz a los riesgos de la guerra, una válvula de escape para el valor y el instinto de la competitividad.

Poco a poco, esa imagen del deporte y el culto al cuerpo se fue desvirtuando y es desde hace pocas décadas cuando ha empezado a coger nuevamente protagonismo.

Un gimnasio del siglo XIX como en el que entrenaba Santiago Ramón y Cajal probablemente tenía  muy poco que ver con un gimnasio actual. En un intento del hombre moderno de buscar la comodidad en todo, ha incorporado todo tipo de poleas, bancos donde estar cómodamente sentado mientras entrena o máquinas específicas para trabajar hasta el músculo más pequeño y con ello ha restado antifragilidad al entrenamiento.

Con esto no digo que este tipo de máquinas no sean eficientes, sin duda es mejor usarlas que no hacer nada, pero, volviendo al entorno en el que mejor adaptados están nuestros genes, un gimnasio más cercano a lo que nos podíamos encontrar en el siglo XIX, es decir barras, discos y algo para colgarse, es más eficiente desde el punto de vista corporal que los cientos de aparatos que inundan los gimnasios actuales.

En el entorno de los cazadores recolectores, el hombre tenía que ser fuerte por naturaleza y para ello, de todas las cualidades físicas, la fuerza era determinante. Esta le daba al homo sapiens la posibilidad de comer, aparearse y, en definitiva, sobrevivir.

Desde un punto de vista atlético, la fuerza física supone el cimiento sobre el que se construyen todas las demás capacidades. La fuerza te da velocidad, resistencia y potencia y la evidencia científica nos muestra que, a la hora de quemar grasa, es más efectivo un entrenamiento de cuarenta minutos de fuerza que interminables sesiones en la bicicleta estática o en la cinta de correr. Si además, se realiza en ayunas como es lo óptimo, las  sinergias que se producen hacen que el beneficio sea exponencial.

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La clásica formación el V de algunas aves al volar hace que ahorren energía en los vuelos migratorios, a menudo de grandes distancias. Cuando el ave impulsa sus alas hacia abajo, lo que hace es comprimir el aire que se encuentra en la parte inferior de las mismas. En cuanto el que va en cabeza se cansa, pasa al final de la fila y es relevado por otro. De la misma manera, si alguno tiene alguna herida o el cansancio le impide continuar, abandona la formación junto a otro pájaro que lo acompaña mientras se recupera, momento en el cual avanzan para dar alcance de nuevo al grupo. De esta forma van haciendo sinergias entre todos que serían imposibles de manera individual.

Un gimnasio moderno funciona como la línea de ensamblaje de una fábrica[viii]. De una máquina se pasa a la otra, para trabajar otro músculo. Por supuesto esto no funciona. Al igual que los pájaros, cuando los músculos trabajan de manera aislada, se olvidan de las sinergias que les proporciona trabajar en su conjunto.

Por ello, sin duda es más efectivo realizar ejercicios que imiten patrones naturales de movimiento como las sentadillas, el peso muerto o el press militar, pero también el entrenamiento con kettelbels, con el propio peso corporal, con anillas, incluso sorprendiendo al cuerpo con nuevos desafíos como arrastrarse en plan comando por debajo de un tronco o esprintando hasta que los pulmones estén a punto de estallar. De esta manera, decenas de terminaciones nerviosas y músculos auxiliares se verán activados de pronto.

Con esto no digo que nos olvidemos por completo de los ejercicios de aislamiento si estamos acostumbrados a realizarlos, pero sí que los eliminemos de la base la pirámide, en donde situaríamos los ejercicios antes nombrados, y los llevemos a la punta, no incluyendo más de uno o dos de estos ejercicios de aislamiento por sesión de entrenamiento.

El entrenamiento de las legiones romanas era tan duro que se decía que, a excepción de la sangre, no había ninguna diferencia con respecto a la batalla real.

Caminar es la manera natural de desplazarse del ser humano. La evidencia moderna nos muestra que los beneficios de simplemente caminar son incontables. Uno de ellos es que aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y esa activación mejora las funciones cognitivas. Los cazadores recolectores pasaban parte de su día deambulando por ahí en busca de presas y de la misma manera, las legiones romanas en su entrenamiento, se acostumbraban a hacer grandes marchas de incluso cuarenta kilómetros, cargando con todo su equipo militar.

Otro de los entrenamientos a los que se veían sometidas las legiones romanas consistía en levantar grandes pesos. Levantar rocas o primitivas pesas desde el suelo, elevarlas sobre la cabeza o empujarlas hacia delante eran ejercicios habituales que, como vemos,  están muy cerca de la concepción moderna de esos ejercicios que he nombrado en forma de  sentadillas,  peso muerto,  press militarpress banca.

Solo una vez que el legionario estaba en plena forma, era instruido en el uso de las armas. Al principio el escudo y la espada eran sustituidas por armas de madera con pesos metálicos que hacían que pesasen el doble que uno normal. De este modo, cuando pasaban a armar reales les era mucho más sencillo manejarlas.

Decía Petronio que fue el miedo el que creó a los dioses. El miedo a las fuerzas que gobernaban la naturaleza y que éramos incapaces de entender. Por eso, al igual que el hombre primitivo creó la religión para tratar de dar explicación a la aleatoriedad de la naturaleza, cuando ese hombre se hizo sedentario, inventó los deportes prostituyendo y mercantilizando esa aleatoriedad.

En la naturaleza nunca se repite el mismo movimiento. Todo es aleatorio. Cuando vivimos en cautiverio, esto es, en la oficina, el gimnasio, el trayecto al lugar de trabajo o cuando hacemos deporte, esa aleatoriedad desaparece y la vida se convierte en una lesión por estrés repetitivo. [ix]

Los cazadores recolectores si querían sobrevivir tenían que cazar su propio alimento. De modo que  sus caminatas habituales a veces eran interrumpidas por súbitas carreras intentando cazar sus presas o huyendo de depredadores.

 Si nos fijamos, muchos deportes se basan en un concepto de entrenamiento a intervalos similar a este patrón.  Periodos de descanso activo acompañados de súbitos estallidos intensos. Un futbolista por ejemplo no se pasa todo el partido corriendo de aquí para allá. Habrá periodos durante el partido que vaya andando, otros que esté parado, otros trotando y otros esprintando hacia el balón.

Esto en la concepción actual se conoce como entrenamiento de intervalos de alta intensidad, con sus siglas en inglés HIIIT.

Con todo lo anterior, podemos llegar a la conclusión que desde un punto de vista ancestral, nuestros genes están adaptados a caminar, hacer ejercicios de fuerza y realizar entrenamientos de alta intensidad a intervalos.

Por tanto, para mejorar la salud en general, lo ideal sería adaptar este tipo de patrón, huyendo de la comodidad de las máquinas modernas o de las interminables sesiones en bicicletas estáticas o cintas de correr, que, como ya he nombrado, es mejor hacerlo que no hacer nada, pero no es lo óptimo. Al igual que no es óptimo para el cuerpo correr durante horas o largas jornadas de bicicleta, entre otros deportes. Antes de que los amantes de estos deportes se me echen encima, espero que se entienda que estoy contextualizando. No digo que no sea bueno o deseable practicarlos, sino que desde un punto fisiológico, el cuerpo no está adaptado para ello y por eso derivan en toda suerte de lesiones.

El sistema inmunológico es adaptativo. Se beneficia de los pequeños estresores que lo ponen a prueba y de ellos sale fortalecido.

Eliminar estos estresores nos hace más frágiles. Eliminar la aleatoriedad, que es el cemento de la naturaleza, hace que perdamos esa conexión ancestral con nuestros genes.

Ortega y Gasset lo describe de la siguiente manera: toda vida es lucha, es esfuerzo por ser sí misma. Las dificultades con las que tropiezo para realizar mi vida son precisamente lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesasen yo no podría andar. Sin la atmósfera, sentiría mi cuerpo como una cosa vaga, fofa y fantasmagórica. [x]

Es común, y por otra parte normal, preferir la comodidad a la incomodidad. El placer al sufrimiento. El descanso a la fatiga. Lo dulce a lo amargo. Lo lujoso a lo sencillo. Lo que mucha gente se niega a aceptar es que el sufrimiento va a llegar en alguna de sus formas, sea de manera voluntaria mediante la disciplina, la incomodidad y el entrenamiento o de manera obligatoria mediante la adversidad.

Schopenhauer tenía claro cuál era la razón de su ‘salud inquebrantable’ de la que gozaba cerca de los 70 años. El sueño es la fuente de toda salud y el guardián de la vida. Todavía duermo mis ocho horas del tirón. Debe usted además caminar rápidamente una hora y media todos los días renunciando a entretenimientos sedentarios. En verano hay que bañarse a menudo con agua fría. [xi]

El entrenamiento diario, la disciplina en la dieta y otro tipo de estresores como la exposición al frío o al calor, son mejores cuando se hacen de manera voluntaria que cuando se hacen de manera obligatoria en forma de receta impuesta por el médico o el fisioterapeuta para curar molestias o enfermedades.

Madrugar o dedicar tiempo a formarse y reflexionar son mejores cuando  se hacen por voluntad propia que cuando sigues las convicciones de un tercero con el que a menudo no estás de acuerdo.[xii]

Mucha gente piensa que la disciplina implica sacrificio. Que implica fustigarse en una lucha continua entre lo que quieres hacer y lo que debes hacer.  La disciplina  no es otra cosa que  tomarse en serio a uno mismo y tomarse en serio a uno mismo es el mejor camino para no tomarse en serio a cualquiera. Como tú te tratas, está dejando claro qué tipo de persona eres.  Cuidar tus pensamientos, tus acciones, tu lenguaje, tus emociones, la forma en la que te mueves, lo que ves, lo que escuchas, con quién estás en tu día a día y a quién dedicas tu tiempo es la mayor muestra de amor propio. 

Lo único seguro que tienes en la vida y que nadie te puede arrebatar es tu cuerpo. La sabiduría estoica nos recuerda que todo es transitorio y en cualquier momento te puede ser arrebatado. Tus bienes, tu casa o tus seres queridos, nada excepto tu cuerpo te pertenece. Por eso me cuesta mucho ver y entender que haya gente que decide no cuidarse, incluso a veces llegando al punto en el que la dejadez es tal, que la conducta se vuelve autodestructiva.

Muchas veces la escusa es la falta de tiempo pero en realidad es una cuestión de prioridades. Si tu prioridad no es cuidar tu cuerpo entonces no entiendo cuál puede serlo. Si no eres capaz de cuidarte es muy difícil que tengas confianza en ti mismo, que te quieras y que te aceptes, porque lo más importante lo estas descuidando. El amor propio empieza en cuidarse a uno mismo y es muy importante cuidar de tu mente y de tu cuerpo con acciones como hacer ejercicio, leer o  meditar.

            Imagina que haces un cambio en la alimentación y a los dos días lo abandonas. Que empiezas el gimnasio y a la semana te cansas. ¿Qué tipo mensaje le estás enviando a tu subconsciente? que eres flojo, que no eres capaz de comprometerte, que fracasas en lo que emprendes, que prefieres la comodidad inmediata a los enormes beneficios futuros.

Posponer la gratificación instantánea mediante la disciplina y el autocontrol, cuando se hace por voluntad propia  siempre es mejor que perder la libertad a causa de las malas decisiones.

            Maquiavelo advierte que esta es la conducta que debe observar un príncipe prudente. No permanecer nunca inactivo en tiempos de paz, sino, por el contrario, hacer acopio de todo tipo de enseñanzas para valerse de ellas en la adversidad, a fin de que, si la fortuna cambia, lo halle preparado para resistirle.[xiii]

Séneca dijo, evita el lujo y el disfrute afeminado. Hace débiles a los hombres, les hace permanecer inconscientes, como en una borrachera continua. El que siempre se protege del viento, cuyos pies están constantemente calientes y cuyas habitaciones permanecen aisladas del frío, peligrará al enfrentarse a la mínima brisa.  Todos los excesos son malos pero ninguno peor que el exceso de comodidad. Afecta al cerebro. Hace a los hombres perder la visión de la realidad y se vuelve nebulosa la separación entre lo verdadero y lo falso.

El hombre moderno parece haber realizado un acuerdo tácito con la sociedad mediante el cual renuncia a su libertad, a sus instintos, a la necesidad de expresar sus cualidades innatas y a adaptar sus genes al entorno (y no al contrario), a cambio de todo tipo de comodidades.

No digo que las comodidades de la vida moderna estén mal, pero cuando estas definen al ser humano y suponen la totalidad de su día a día hacen que aparezcan los problemas.  Hemos cambiado escasez por abundancia, movimiento por sedentarismo, naturaleza por asfalto, esfuerzo o hambre por exceso de confort. A cambio hemos recibido enfermedad física y psicológica y cada vez menos capacidad de adaptación a los cambios externos.

Gandhi decía que  la civilización lo es solamente de nombre. Es, según la expresión del hinduismo “la era negra, la era de las tinieblas”. Hace del bien material el único propósito de la vida, no se ocupa en absoluto de los bienes del alma.  Trastorna a los europeos, los hace siervos del dinero, los toma incapaces de hallar la paz y hasta de sentir vida interior. Es un infierno para los débiles porque mina la vitalidad de la raza. El destino último de esta civilización satánica es destruirse a sí misma [xiv]

La sociedad se ha convertido en un enorme lecho de Procusto [xv]  para todos nosotros. A veces el lecho es provechoso, pero en la mayoría de los casos, este lecho, resta la aleatoriedad necesaria de la que se compone la vida misma. Las reglas, los gobiernos, el mundo académico, los gimnasios, los deportes, los viajes diarios al lugar de trabajo, las relaciones humanas involuntarias o  los empleos, por poner algunos ejemplos, son un buen ejemplo de esto.

Desde la Ilustración, en la gran tensión entre racionalismo (cómo nos gustaría que fueran las cosas para que tengan sentido para nosotros) y empirismo (cómo son en realidad) hemos estado intentando cambiar al ser humano para que encaje con la tecnología. Hemos amañado su ética, para que encaje con sus necesidades de empleo. Hemos pedido que la vida entera encaje con algún tipo de narrativa. [xvi]Y, por supuesto, hemos olvidando el pasado evolutivo del hombre para que encaje por la fuerza en subtipos erróneos de cuidar su patrimonio biológico, a saber, su propio cuerpo.

Cada vez se hace más necesario la existencia interior de un Teseo que nos libre de muchos de esos lechos de Procusto impuestos y ese Teseo no es más que el conocimiento, como vengo defendiendo desde el inicio.

Quizá, al fin y al cabo, la serpiente que engañó a Eva  tenía razón. Puede que el hecho de que el hombre fuese expulsado de un inmenso jardín provisto de manantiales  y la más seductora vegetación hacia un mundo de trabajo y muerte  no fuese del todo un castigo al fin y al cabo. Quizá incluso fuese una bendición.

Cargar con la finitud y el esfuerzo hizo que el ser humano abriese los ojos y con ello obtuviese grandes logros en todos los aspectos, tanto físicos, como técnicos con la invención de grandes cosas. No frenemos esa rueda metiéndole el palo que nos haga volver al paraíso de la comodidad.


[i] Diamond, J. (2013) Armas, germenes y acero. Debolsillo

[ii] Taleb, N. (2016). Antifragil, las cosas que se benefician del azar. Ed. 1. Booket

[iii] Nacidos para correr, de Christopher McDougal

[iv] Ibíd.

[v] Ibíd.

[vi] Ibíd.

[vii] El lecho de procusto de Nassim Taleb

[viii] Vázquez, M. (2015) Barra libre. Entrena como un Hombre, Come como un Animal, Piensa como un Líder. Ediciones Salud Salvaje

[ix] Taleb, N. (2018) El lecho de Procusto. Aforismos filosóficos y prácticos. Ediciones Paidós

[x] Ortega y Gasset, J. (1999) La rebelión de las masas. Austral

[xi] Schopenhauer en El arte de sobrevivir. La frase original está contenida en la obra del autor Die Welt als Wille und Vorstellung

[xii] Vivar, P. (2021) Emotion ME – Podcast

[xiii] Maquiavelo, N. (2016) El príncipe.  CreateSpace Independent Publishing Platform

[xiv] Rolland, R. (1924) Mahatma Gandhi. Librairie Stock

[xv] El lecho de Procusto procede de un mito griego en el que Procusto era un herrero que también tenía una posada con una sola cama. Cuando sus huéspedes se tumbaban en ella, los amordazaba y si eran más grandes que el lecho,  les cortaba la cabeza y las piernas hasta que encajasen a la perfección. Si por el contrario eran más pequeños, estiraba sus músculos y hacía pedazos sus huesos con  el martillo de su fragua para que encajasen en su citado lecho. Esto fue así hasta que Teseo, el gran héroe Griego lo engañó para que se tumbase en su cama, lo amordazó y le hizo probar de su propia medicina. El mito se refiere a todas aquellas normas, en el contexto del ensayo, sociales, que hacen que nos tengamos que acomodar a ellas de manera exacta aunque no queramos

[xvi] Taleb, N. (2018) El lecho de Procusto. Aforismos filosóficos y prácticos. Ediciones Paidós

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