SIGMADIEZ

Mi mejor inversión

Creo que no hay ninguna duda de que mi mejor inversión y que creo que la tuya también debe de ser así es la inversión en mi mismo. A lo mejor no era la respuesta que buscabas al entrar en este artículo. Esperabas una smallcap rara con la que hubiese multiplicado mi dinero por varias veces o algo así.

Piensa en términos de empresa. Tú eres tu mejor activo. Al igual que hay compounders que aprovechan lo que van generando para reinvertir en ellas mismas y están en constante crecimiento aprovechándose del interés compuesto, tu puedes elegir el mismo camino o, por otro lado, seguir el camino de las empresas que se estancan e incluso de las que quiebran. La inversión en uno mismo es muy poderosa. Cada euro que gastes en cuidarte, comer bien, leer libros, escuchar podcast, hacer ejercicio o cualquier cosa que te enriquezca física o mentalmente, a parte de hacer ahorrar una cantidad de dinero mucho mayor en sanidad en el futuro, te estará convirtiendo en una persona preparada que vale cada vez más.

Incluso si no tienes mucho dinero, con que no lo gastes en cosas que te empeoran, ya tendrás mucho ganado.

Lo único seguro que tienes en la vida y que nadie te puede arrebatar es tu cuerpo. La sabiduría estoica nos recuerda que todo es transitorio y en cualquier momento te puede ser arrebatado. Tus bienes, tu casa o tus seres queridos, nada excepto tu cuerpo te pertenece. Por eso me cuesta mucho ver y entender que haya gente que decide no cuidarse, incluso a veces llegando al punto en el que la dejadez es tal, que la conducta se vuelve autodestructiva.

Muchas veces la escusa es la falta de tiempo pero en realidad es una falta de prioridades. Si tu prioridad no es cuidar tu cuerpo entonces no entiendo cuál puede serlo. Si no eres capaz de cuidarte es muy difícil que tengas confianza en ti mismo, que te quieras y que te aceptes, porque lo más importante lo estas descuidando. El amor empieza en cuidarse a uno mismo y es muy importante cuidar de tu mente y de tu cuerpo con acciones como hacer ejercicio, leer o  meditar.

Piensa en lo que demuestra de ti mismo, por ejemplo,  que no leas o que no quieras aprender cosas nuevas. Una total falta de ambición. Si eso es lo que quieres, perfecto, pero si no quieres vivir en este mundo por inercia, empieza por la acción más simple que es leer. Aunque sean 5 paginas al día. Eso ya son 7 libros al año de una media de 250 páginas.

En la vida, todo el mundo quiere ser como un deportista profesional el día de la competición, pero nadie quiere serlo los 364 días anteriores. Todo el mundo quiere levantar más peso que el otro y correr más que el nadie. La gente ve el resultado pero no el trabajo que hay detrás. Muchos no están dispuestos a poner encima de la mesa el sacrificio necesario para conseguir ese objetivo y ante ello, la reacción natural es la queja, la crítica y la desazón.  Para maximizar el beneficio, necesitas también hacer un incremento proporcional en el esfuerzo. Todo el mundo consideraba a Mozart con un talento innato para tocar el piano. Lo que poca gente sabe es que con 30 años tenía los dedos con artrosis de tanto practicar.

Pensamos de la A a la Z. Interesados en la A y obsesionados con la Z, a menudo nos olvidamos de todo lo que hay entre la B y la Y. Tenemos la falsa percepción de que el mundo gira en torno a nosotros y los eventos suceden a nuestro capricho. En consecuencia trotamos cuando deberíamos correr o, peor todavía, cuando deberíamos volar. Inevitablemente después nos sorprendemos de que no haya ocurrido nada grandioso, de que no se hayan presentado oportunidades, de que se hayan apilado nuevos obstáculos o de que nuestros enemigos finalmente se hayan unido contra nosotros. Cuando estés desalentado en la persecución de tus objetivos, no te quejes de que no tienes lo que quieres o de que ese obstáculo no se mueve del sitio si ni siquiera lo has intentado todavía. Que las condiciones no sean las idóneas no significa que no puedas actuar. Si quieres crear inercia tendrás que hacerlo ya poniéndote de pie y dando el primer paso. Lo que bloquea el camino es ahora tu nuevo camino.

Hemos cambiado escasez por abundancia, movimiento por sedentarismo, naturaleza por asfalto, pequeñas dosis de estrés como exposición al frío, al calor, esfuerzo o hambre, por exceso de confort…A cambio recibimos enfermedad, física y psicológica y cada vez menos capacidad de adaptación a los cambios externos.

Una piscina es una creación artificial. Un recipiente muy grande de agua donde no hay un sistema natural que haga que el agua que entra fluya a otro lugar y por lo tanto se depure. Por ello se necesita crear un sistema artificial de circulación de agua y tratarla con una serie de productos químicos para que el agua no enferme.

Nuestro cuerpo tiene sus propios canales por los que fluye la energía y cuando esta se estanca aparecen los desequilibrios y la enfermedad que, al igual que al agua, tratamos con productos químicos o medicamentos. Por eso quiero que comprendas que la mejor manera de permanecer sano, mover la energía corporal y establecer un equilibrio es haciendo ejercicio y trabajando principalmente tres áreas: el ejercicio aeróbico, la fuerza y la flexibilidad.

Está demostrado mediante muchos estudios que el ejercicio aeróbico proporciona felicidad, por ejemplo reduciendo significativamente la depresión, el entrenamiento de fuerza una vida más larga evitando la sarcopenia entre otros y la elasticidad una mejor salud en general. Un cuerpo flexible esconde una mente flexible. Si además de flexible es también fuerte y resistente el beneficio es exponencial.

El ser humano está diseñado para realizar cualquier tipo de  actividad física y cuando no la hace,  todos los sistemas se  ven afectados,  desde las células, los órganos y en definitiva la mayoría de  las vías metabólicas se degradan a muchos niveles.

En esa degradación aparece el síndrome metabólico como principal causante de episodios cardiacos, obesidad, diabetes y otros trastornos relacionados. El ejercicio físico y la dieta son herramientas muy potentes contra este síndrome pero la paradoja se da porque en el momento en el que estás haciendo ejercicio, el cuerpo responde a ese estrés de manera muy similar de la que lo haría en ese síndrome metabólico. El ejercicio produce una respuesta al estrés aumentando el riesgo de episodio cardiovascular de forma aguda pero cuando el estrés pasa, de manera hormética, el cuerpo se adapta y a largo plazo se fortalece.

De esta manera podríamos decir que la respuesta a ese estrés está a nuestro servicio para salvarnos la vida. De manera ancestral el ser humano siempre ha  hecho ejercicio como respuesta a una necesidad biológica, por ejemplo la de alimentarse o salvar la vida. De igual manera que no tendría ningún sentido decirle a un hombre de las cavernas que no corriese huyendo de un león ya que le puede dar un infarto, cuando eliminas de la ecuación  esa amenaza es cuando aparece la paradoja mencionada. Se aumenta el riesgo momentáneo de sufrir un evento cardiaco y esto  produce en el cuerpo una adaptación que disminuye el riesgo de sufrirlo.

Hipócrates, el fundador de la ciencia griega de la medicina allá por el siglo V antes de Cristo decía que la protección más importante contra la enfermedad era la moderación y una vida sana. Pensaba que el estado natural de una persona es estar sana y que la enfermedad surge a causa de un desequilibrio físico o psíquico. Por tanto la receta para estar sano era la moderación, la armonía y mantener “una mente sana en un cuerpo sano”. Los grandes sabios dijeron hace miles de años: el 10 por ciento de lo que comes te mantiene vivo, el 90 por ciento restante mantiene vivo a tu médico

En  la antigua Grecia el deporte era considerado como algo vital, un deber del ciudadano, esencial en la formación del hombre. En palabras de Sócrates, no hay educación sin deporte, solo el  hombre físicamente educado puede llegar a ser verdaderamente educado. En el mundo heleno, el deporte no respondía al concepto actual o, al menos, no del todo. Era considerado como algo mucho más valioso y recogía un amplio espectro de valores. La preparación psicológica para la competición y el respeto a los dioses imprimían un mayor ánimo al atleta y aportaba los requisitos que todo griego distinguía del hombre perfecto tanto física como moralmente. El entrenamiento del deportista era considerado como una preparación para la guerra y para la vida, un equivalente en la paz a los riesgos de la guerra, una válvula de escape para el valor y el instinto de la competividad.

Aristóteles vio en el deporte la máxima felicidad que todo hombre puede pretender. No en vano la ciencia actual ha demostrado los numerosísimos efectos positivos que genera en  nuestro organismo, no solo a nivel corporal sino también a nivel cerebral ya que entre otras cosas, el deporte activa la generación de nuevas neuronas, aumenta el volumen de materia gris en el cerebro o  ayuda con el procesamiento cerebral.

NO INTENTES CAMBIAR EL MUNDO, CAMBIA TU INTERIOR

La contaminación del planeta no es más que un reflejo de la contaminación psíquica y emocional de cada una de las personas que lo componen. Todo estado interior negativo es contagioso y la infelicidad se extiende de manera más fácil que una enfermedad física. Por ello como responsable de tu estado interior, también eres responsable del planeta. Si todos los seres humanos tomasen consciencia de ello, actuasen con virtud y limpiasen su contaminación interna, también dejarían de expulsar sus residuos al planeta. Y no solo residuos sino que ¿cómo se explica que durante el s.XX el ser humano matase a cien millones de sus congéneres? ¿O que diariamente se siga causando dolor, crueldad, tortura o violencia física a una escala inimaginable tanto entre seres humanos como a las demás formas de vida del planeta? Solo aquellas personas que se encuentran en un profundo estado negativo crearían una realidad así como reflejo.

Si hay algo que me sorprende de la cultura clásica griega es su capacidad para identificar y resolver problemas inherentes a la condición humana. Filósofos como Platón, Aristóteles o Epicuro trataron muchos asuntos (política, amistad, amor, moral, justicia, teología, etcétera) que son auténticos quebraderos de cabeza en el mundo moderno hasta el punto que da que pensar que en realidad, por muchos avances científicos con los que contemos en la actualidad, mucha ciencia y muchas comodidades, no hemos avanzado nada, si no ya retrocedido,  en el campo de la condición humana desde hace 2 mil años. Prácticamente desde la Ilustración, el hombre ha estado echándole la culpa al mundo por adaptarse a su mundo interno y racional en una lucha constante entre el racionalismo o el cómo nos gustarían que fuesen las cosas y el empirismo o cómo son en realidad. Se ha intentado cambiar la naturaleza humana para que se adapte a la tecnología, se ha amañado la ética para que encaje con nuestras necesidades de empleo, se ha perdido la vida económica para que encaje con la visión y los modelos del economista de turno y, en definitiva, se ha perdido la vida humana en general para adaptarla, casi con calzador, a la narrativa imperante en el momento. En consecuencia, esta manera de actuar  contra toda la naturaleza humana nos ha vuelvo vacíos y carentes de sentido. Por ello, en esa vuelta a la moral, la justicia o el amor, los modelos de pensamiento clásico son tan actuales. Podemos negar lo que somos en un intento de autoengañarnos, pero nunca ocultarlo.

Tendría muchas cosas que contaros de este tema, pero para no hacerlo excesivamente largo y pesado lo voy a dejar aquí. Espero que os haya gustado el artículo

Deja un comentario

error: Contenido protegido
SIGMADIEZ