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HIPERINFLACIÓN: AUSTRIA Y ALEMANIA

HIPERINFLACIÓN: AUSTRIA Y ALEMANIA

El fenómeno de la hiperinflación se debe a una inflación descontrolada que se da cuando la cantidad de dinero que existe en el mercado crece masivamente sin estar apoyado en el crecimiento de los bienes y servicios. Esto hace que los precios aumenten de manera desproporcionada y consecuentemente la moneda vaya perdiendo gradualmente su valor hasta que puede llegar a valer más el papel en el que está impresa que la propia moneda en sí. En consecuencia la gente que vive en el país afectado por este evento pierde de manera acelerada su poder adquisitivo.

Ha habido muchos casos de hiperinflación a lo largo de la historia desde el Imperio Romano, la Revolución Francesa u otros casos más recientes en el tiempo como Zimbabwe, Venezuela, Rusia, Argentina y un largo etcétera.

Como dato curioso, la mayor hiperinflación de la história se produjo en hungría en 1946 cuando llegó a 41.9 trillones por ciento. La situacuón era tal que los precios se duplicaban cada 15 horas llegando a una inflación diaria del 205%. El billete mas alto acuñado fue de  100 trillones de pengős y cuando se acuó el florín, una unidad se cambiaba por florín 400.000 cuatrillones de pengős.

En este artículo me quiero centrar enla hiperinflación sufrida en Austria y Alemania después de la primera guerra mundial y para ello quiero utilizar el relato de alguien que lo vivió de primera mano, Stefan Zweig, que nos lo cuenta en su, muy recomendable libro, El mundo de ayer: Memporias de un europeo.

AUSTRIA

Para ponernos en situación, después de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Austroúngaro de separó en varios paises y una de esas partes fue Austria. Esto, se une a un desempleo desproporcionado derivado que la economía tras la guerra estaba destrozada y que como perdedor de la guerra, el país debía a la Comisión de Reparaciones una suma sustancial de dinero. El déficit llegó a superar el 50% del total de los gastos y, los gobernantes, en su afan de atacar las consecuencias y no las profundas causas, decidieron financiar ese déficit vendiendo letras del tesoro. Como consecuencia de ello el dinero aumentó en un factor de 288 y la corona austriaca se depreció internacionalmente.

Stefan Sweig cuenta que durante los años de la guerra, en Austria no se había construido nada y muchas casas se caían. Ahora los soldados y prisioneros de guerra volvían en torrente de modo que en cada habitación disponible se debía alojar a una famila entera.

Por primera vez el fantasma del hambre empezó a aparecer por las calles. El pan sabía a resina y cola, el cafe era extracto de cebada, la cerveza agua amarilla, el chocolate arena teñida. Los muchachos cazaban ardillas y los perros y gatos bien alimentados pocas veces regresaban de sus paseos.

Ante la inflación creciente se estableció una política de precios máximos, lo cual provoca desabastecimiento y mercado negro (si quieres saber más sobre esto puedes leer este libro). apareció la figura de los “acaparadores”, hombres sin trabajo que iban de un campesino a otro recogiendo productos ilegales para venderlos luego en la ciudad por un precio 4 o 5 veces más elevado.

Al principio los campesinos estaban contentos con la gran cantidad de dinero recibida por los huevos y la mantequilla pero en cuanto iban a la ciudad a comprar mercancías, descubrían que el precio de la guadaña o el martillo se había multiplicado por 20 o por 50. A partir de ese momento empearon solo a intercambiar mercancía por mercancía y un grotesco comercio se extendió por todo el país.

Se dispusieron controles policiales para confiscar mercancía de los “acaparadores” y estos respondieron organizando transportes nocturnos.

La desconfianza apareció en los ciudadanos cuando desaparecieron las monedas ya que el metal suponía cierta reserva de valor con respecto al papel impreso. La Casa de la Moneda se puso a imprimir a toda máquina pero no pudo dar alcance a la demanda de dinero, por lo que cada pueblo o villa empezó a imprimir su propia moneda provisional.

La gente ya no sabía cuanto costaban las cosas. Cuando un tendero honrado vendía ingenuamente sus artículos al precio del día anterior, la tienda se le vaciaba en menos de una hora.

El estado prohibió la subida del precio de los alquileres (para proteger a los inquilinos, perjudicando a los propietarios) y eso provocó que casi todo el país tuviese casa gratis durante 5 o 10 años.

El ahorrador que había invertido sus ahorros se convertía al instante en mendigo, el que tenía deudas se veía libre de ellas. Quien de manera honrada atendía correctamente a la distribución de víveres moría de hambre, quien inflingía la ley comía hasta saciarse. Quién sabía sobornar sobrevivía, quien calculaba con prudencia era estafado.

La situación se agravó cuando los especuladores extranjeros se dieron cuenta de que en Austria se podía pescar a río revuelto y como lo único que mantenía el valor era la moneda extranjera, el país vivió una fatal temporada de turismo. Los hoteles de Viena se llenaban de buitres que lo compraban todo, edificios, calles enteras, vaciaban colecciones particulares… Insignificantes obreros en otros países se alojaban en los principescos apartamentos del Ring o en los hoteles más lujosos. Todo lo que no estaba clabado o remachado desaparecía.

La noticia se extendió hasta el punto que en Viena se oía hablar mas italiano, francés, turco o rumano que alemán. Centenares de alemanes llegaron de pueblos vecinos para tallar los vestidos, reparar el automóvil o acudir al médico. El gobierno alemán estableció controles en la frontera para evitar que se compraran artículos de primera necesidad pero había productos que no se podían confiscar, en particular los que llevara dentro del cuerpo la gente y en concreto, la cerveza.

Cada noche la estación de tren era un pandemonium de gente que berreaba, eructaba y vomitaba. Y esque por aquel entonces los pobres bávaros no sospechaban que les esperaba una terrible revancha.

De repente en Austria un huevo costaba tanto como un automóvil de lujo y un par de zapatos como una zapatería entera. Sin embargo la voluntad de la gente por seguir viviendo resultó más fuerte que la inestabilidad del dinero y nada se detenía. El panadero seguía haciendo pan, el zapatero remendaba zapatos, el escritor escribía libros, el campesino cultivaba la tierra, el periódico se imprimía cada día y los bares y locales de diversión estaban siempre llenos. La gente misteriosamente tenía los miles de coronas que necesitaban diariamente para sobrevivir.

En aquellos 3 años, todo lo extravagante volvió a la edad de oro. Se vendía la teosofía, el ocultismo, la quiromancia, las enseñanzas de yoga indio, el misticismo….todo lo que prometía emociones extremas mas allá de las conocidas hasta entonces era consumido: estupefacientes, cocaína, heroína y morfina. El incesto y el parricidio eran temas comúnmente aceptados en el teatro. En las escuelas se crearon soviets escolares al estilo ruso que controlaban a los maestros e invalidaban los planes de estudio porque los niños solo querían aprender lo que les venía en gana. En defintiva, una suerte de locura colectiva que, como veremos a continuación, aun fue superada por el caso alemán.

Ya en 1922 el Banco Nacional de Austria fue requerido para que respaldara sus emisiones con ciertas proporciones de oro, activos extranjeros y facturas comerciales. Se establecieron nuevos impuestos y medios más eficientes para recaudarlos y un despido masivo de funcionarios. En solo dos años, Austria volvió a equilibrar su presupuesto y en 1924 se estableció una nueva moneda, el chelín, equivalente a 10 mil coronas de papel.

ALEMANIA

Tras la guerra las potencias vencedoras como Francia y Gran Bretaña impusieron a la derrotada Alemania el pago de reparaciones de guerra por la destrucción causada durante el conflicto fijando esta condición en el Tratado de Versalles de 1919.

En ese momento era imposible e impensable que Alemania pudiese pagar esas cantidades de dinero. En consecuencia entre 1921 y 1923 el tipo de cambio pasó de 60 marcos a mas de un millón por dólar .

Stefan Zweig cuenta que cuando el marco cayó en picado y alcanzó la cifra de los billones, empezó un autentico aquelarre de inflación que hizo que la austriaca fuese un juego de niños. Cuenta como vivió días en que por la mañana tenía que pagar 50 mil marcos por un periódico y por la noche cien mil. Se pagaba el billete del tranvía en millones y hacían falta camiones para transportar los billetes desde el Banco Nacional a los demñas bancos.

Se encontraban billetes en las alcantarillas, reparar una ventana rota costaba mas que antes todas la casa. Un libro más que antes toda una imprenta. Con 100 dólares, los especuladores extranjeros podían comprar hileras enteras de casas de 6 pisos. Hugo Stines, político y empresario alemán, abase de ampliar su crédito beneficiándose de la caida del marco, compraba todo cuanto se podía comprar: minas de carbon, barcos, fábricas, acciones, castillos, fincas rústicas… y todo ello con nada, pues cada importe, cada deuda, se convertía a cero.

Miles de parados ociosos deambulaban por las calles protestando contra los estraperlistas que compraban calles enteras de casas.

Los bares y locales de diversión aparecían como setas. Por las calles empezaron a aparecer hombres vestidos de mujeres y mujeres vestidas de hombres. En bares penumbrosos, empresarios de Estado e importantes empresarios cortejaban sin recato a marineros borrachos. Zweig dice que ni la Roma de Suetonio había conocido orgías tales como los bailes travestis de Berlín ante la mirada benévola de la policía.

Pese a todo, por doquier se hacía evidente que a todo el mundo le resultaba insoportable toda aquella sobreexcitación y también era evidente que la nación, cansada de la guerra, anhelaba orden, sosiego, un poco de seguridad y de vida burguesa.

Los pequeños burgueses que habían perdido sus ahorros se asociaron en silencio y se pusieron a disposición de cualquiera que prometiera un cierto orden.

En 1923 la inflación llegó a su fin cuando cada billon de marcos engañosamente inflado se cambió por un marco nuevo. Desaparecieron los bares y las tabernas y las relaciones se reestablecieron. La mayoría de la gente había perdido con todo aquello y nada encendió tanto el odio del pueblo alemán y lo maduró para el advenimiento de Hitler como la inflación.

La gente se sentía ensuciada, engañada y envilecida. Una generación entera no perdonó a la república alemana y así es como se sembró el germen del dolor que más tarde se volvió crónico.

De todos es conocida la “eficiencia alemana”. Para el pueblo alemán es más importante el orden que la libertad y el derecho y como he dicho antes, quien prometiese ese orden, desde el primer momento contaba con centenares de miles de seguidores. Y ese orden había sido prostituido por la inflación, el paro, la crisis política y la estupidez extranjera.

De la noche a la mañana, apareció un deus ex machina. Una mañana años más tarde, cuando las autoridades se despertaron, Munich había caido en manos de Hitler y todas las oficinas públicas habían sido ocupadas y los periódicos obligados a punta de pistola a anunciar el triunfo de la revolución.

En otras circunstancias, el pueblo alemán nunca habría permitido que alguien que apenas había acabado sus estudios primarios, que no había pasado de cabo en la primera guerra mundial y que tenía un pasado oscuro del que apenas se conocía nada pudiese aspirar a una posición que había ocupado Bismark o el baron von Stein.

En 1934 absolutamente nadie creía que fuera posible ni una milésima parte de lo que sobrevendría al cabo de pocas semanas. Pero ese es otro tema del que si estáis interesados hablaré en futuros artículos.

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